domingo, 1 de marzo de 2026

A las puertas de un mundo ¿mejor?

     En otoño comentábamos acerca de las esperanzas puestas a principios de los 90 en la llegada del tercer milenio y las buenas intenciones que nos hablaban de ecologismo, de buenas acciones y un mundo mejor. 
    Ayer revisé la película Jesús de Montreal (Denys Arcand, 1989).



    La historia de un grupo de actores que representan la pasión de Cristo con una revisión moderna hace que, de algún modo, sus vidas se transformen. Tanto esta vez como la vez anterior, he reunido detalles en Jesús de Montreal que aluden al propio evangelio en la vida de Daniel (Lothaire Bluteau), su protagonista. Comenzando con el actor del principio, que señala y abraza a Daniel (y dice que "él es mejor"), es claramente Juan el Bautista.



    Cuando Mireille (Catherine Wilkening) abandona la vida de excesos que tenía se equipara a María Magdalena, su papel en la obra (uno de ellos, porque todos, excepto Daniel, interpretan varios).




    Cuando Daniel denuncia el sensacionalismo que buscan los productores en lugar del talento y derriba las mesas del teatro, es una alusión a la expulsión de los mercaderes del Templo.


    Cuando el abogado le ofrece ser imagen para películas y novelas sin haber hecho nada y le ofrece la ciudad entera, es el demonio tentando a Jesús en el desierto.


Y, finalmente, cuando el abogado propone a los amigos de Daniel fundar una compañía de teatro en su honor, tras su muerte, y le ofrece a Martin (Rémy Girard), el amigo de Daniel, ser el presidente. La compañía sería la Iglesia y Martin, San Pedro.


 Aparte de esto, Jesús de Montreal es una crítica a la sociedad de la época: al consumismo, reflejado en las campañas de publicidad en las que participa Mireille; al oscuro mundo de la producción y los medios en general; a la corrupción de la Iglesia, al milenarismo, etc. 




    Fruto del interés de Arcand por resaltar los excesos, la estupidez y lo absurdo del mundo en el que vivimos, como demostró también en su última película: Testament (2023).



A nivel artístico y visual, Jesús de Montreal deja escenas muy bellas.




    Pero esta vez, no ha dejado de llamarme la atención la idea de que la representación de la pasión se realiza siempre de noche, ante la ciudad iluminada.


    Ese elemento está presente y me llevó a otra película: Navigator (Vincent Ward, 1988), solamente de un año antes. En ella se narra cómo un grupo de mineros galeses de la Edad Media llega a través del centro de la Tierra, hasta la Wellington de 1988. También aparece todo el tiempo la ciudad de noche, todo luces artificiales.




    Tanto en Jesús de Montreal como en Navigator, ese fondo se presenta como el mundo moderno, lo que va a venir. Es el mundo del tercer milenio, con el mensaje de "será más artificial, más tecnológico". Y lo que activa: "¿Será también más humano?"


     No es casualidad que en ambas películas el mensaje/elemento religioso sea la lanza (en Navigator los personajes huyen de la Peste Negra, a la que llaman "la Plaga", y quieren poner una cruz en lo alto de la torre de la iglesia) del guion. La religión como elemento a revisar, a causa del fanatismo, pero también como un elemento que revisa su presente y el futuro incierto que llega. La escena en la que Daniel predica en el metro moribundo, en un mundo de hormigón con música electrónica de fondo, es la culminación de esa idea.


    Entonces, en aquel final de los ochenta y principios de los noventa, nos preguntábamos si sería mejor el mundo que iba a venir. Hoy, nos preguntamos si es posible que aquel mundo fuese mejor que este.





Dos años de la victoria

     Hoy hace dos años de mi victoria contra el dictador de Valdluz. Ya me parece asombroso que haya pasado un año, cuando dos es bestial. Porque parece que estáis de nuevo junto a mí, allí, en el pasillo, esperando que saliera del pretorio tras mi proceso y crucifixión. Porque esta vez, el pueblo no eligió a Barrabás...


    La luz que venció fue la que vosotros portasteis. La que no se apaga en Hawkins. La que me hizo vencer cuatro veces: la que me hizo imponerme y hacer cumplir lo que era justo ¡Qué jura de Santa Gadea viví allí! El 10 de octubre de 2023 quedará para siempre.


    La misma luz que me devolvió la tutoría aquel 16 de octubre, en el momento más oscuro, cuando creí que perdería a mi ejército. Pero la luz venció. Y seguí con vosotros. 



    Y en diciembre llegó la contraofensiva del dictador, filtrando lo que yo expuse en la evaluación ¡Cómo caíste tan bajo, ser lleno de envidia y ambición! Pero fuiste de nuevo derrotado y de nuevo brilló la luz.
    La misma luz que brilló el 1 de marzo, cuando el dictador intentó acabar conmigo, como Jesús ante Pilato ¡Allí estabais vosotros, esperándome en el pasillo! ¡Cuántos profesores han deseado tantas veces tener una escena como aquella! Y yo la tuve. Allí estabais, como en el final de El club de los poetas muertos.


Como en el final de Brubaker.


Como en el final de La leyenda de Billy Jack.


    Sí, allí estabais. Y ganamos. El dictador no volvió a levantar cabeza. Alumnos y padres os alzasteis porque visteis que esto era justo. Solo algunos profesores os secundaron. Pobres cobardes el resto...
     Las grandes historias son estas. Ganamos la guerra de Valdeluz con un ejército de paz. 


    Y hoy, cuando han pasado dos años de aquel 1 de marzo, estoy de nuevo con vosotros ¡Quién me lo iba a decir! Tenía todas las cartas en contra, pero el 6 de octubre el "algo" actuó de nuevo. Y me hizo volver junto a vosotros. No podía haber mejor aniversario.



¡GRACIAS VALDELUZ!
¡GRACIAS HORCHE!

El león regresa a Persia

 EL LEÓN REGRESA A PERSIA



EL DICTADOR HA SIDO ELIMINADO



EL SHA VOLVERÁ



LA DEUDA DE LOS JUDÍOS CON PERSIA HA SIDO SALDADA





TODOS CON EL PUEBLO PERSA