jueves, 11 de junio de 2026

La maravilla de la Sagrada Familia

    Hacía mucho tiempo que no me emocionaba al ver algo en televisión. Más que nada porque la televisión es cada vez peor y porque en este mundo materialista, frívolo, chabacano y hedonista en el que vivimos hay muy pocas cosas que hagan impresionar, saltar, aplaudir, vivir, en suma. Es cierto que cada Nochevieja nos une y nos emociona la entrada en el nuevo año con las uvas. Pero poco hay que pueda impresionar más como lo vivido ayer en Barcelona con la bendición de la Sagrada Familia.


    La visita del papa León XIV está siendo algo mucho más que una visita. Está superando con creces a las anteriores visitas de Juan Pablo II y Benedicto XVI, no solo por asistencia de público, sino por todo cuanto ha movido y agitado. Las visitas de aquellos pontífices se limitaban a baños de masas desde altares montados en estadios (muy del gusto de Juan Pablo II desde su histórico viaje a Polonia en 1983, del que ya hablamos en el caso Orlandi), encuentros con las autoridades, misas y bendiciones desde el papamóvil. Pero el papa León ha logrado algo inédito. El papa Francisco gustó mucho de las palabras, pero muy poco de los hechos. Por el contrario, Prevost ha bajado al barro y rescatado personas en Perú; les ha hecho llegar suministros durante el COVID en ese país andino, se ha enfrentado a la secta Sodalicio, ha conducido sus coche y ha visitado los lugares más apartados de aquel estado. Y aquí, en España, se ha reunido con personas desamparadas en la sede de Cáritas, ha escuchado a la patronal y a los sindicatos, a las víctimas de la pederastia. Ha realizado una procesión del Corpus inédita. Está moviendo y encantando a personas no creyentes, muchas de las cuales admitían su emoción. 



    Porque aunque es un papa tímido, serio, las pocas palabras que dice las dice de verdad. Y eso se nota. A veces, es precisamente la sencillez lo que más llega. Y los hechos. Pues como le dijo San Francisco a Bernardo de Quintevale: "Hubo un tiempo en el que yo también creía en las palabras...". 
    La fase madrileña me ha despertado especialmente una sonrisa. Y no precisamente por la basura de Hakuna y toda esa parafernalia hipócrita con tientes de "juventud". Creo que hay una belleza misteriosa que hace despertar una sonrisa. Una puesta en escena hermosa, porque la belleza ha estado ligada a la religión desde siempre, aunque, como señaló Soto Ivars, "la que nos dio a El Bosco y a Bach, nos ha traído en los últimos años a Hakuna y a la vulgaridad". Lo mismo ha sucedido en la fase barcelonesa, en la que al papa le tocaba bendecir la torre de Jesucristo, culminada tras años de construcción en el largo proceso arquitectónico de la que (ya hace tiempo, pero sobre todo desde ayer) creo que es mucho más que una iglesia: la Sagrada Familia de Barcelona.


    Especialmente emotiva fue la conversación del papa y los reyes con la niña ciega que pudo tocar la reproducción de la torre. Momento que podría estar perfectamente amenizado por la banda sonora de La misión de fondo.


    En esta época de corrupción, basura, subnormalidad, burocracia innecesaria, saturación en muchos niveles etc., merece la pena que nos conmovamos ante algo que, como decía, nos despierta una sonrisa. Y a quien no le pase, que se lo haga mirar.
    Pero la sorpresa llegaba al finalizar la misa de bendición. Misa también bella, no solo por el escenario incomparable que ya de por sí supone el interior de la Sagrada Familia, sino por el coro y por los aplausos a León XIV, también inéditos. Tras esta ceremonia, el papa salió al exterior y bendijo el templo. A continuación, comenzó un espectáculo impresionante (y totalmente sorpresa) que nos dejó sin palabras y con la piel de gallina. Todo empezó con un coro de niños cuyas voces no parecían de este mundo. La motivación mística que ha acompañado al cristianismo y a otras religiones desde siempre se materializaba en ese momento esencial. Y brotaba una sensación: la sensación de estar ante algo fuera del tiempo y del espacio.


    Tras ello, comenzaba el juego de luces y música. Y entonces, nos rendimos completamente a lo que estábamos viendo. Ni una palabra por parte de ningún locutor. El silencio estupefacto de saber que estábamos contemplando algo que, de algún modo, parecía traspasar todos nuestros parámetros de este siglo XXI (que no está siendo tan genial como pensábamos). Algo histórico, mágico e irrepetible. La civilización occidental, que ya demostró en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno que no está muerta ante la locura woke, demostraba de nuevo lo mismo anoche. La ciudad condal se había guardado bien la gran sorpresa que, para mí, no solo ha sido el gran momento de la visita del papa León, sino el gran momento de 2026.








    Y como broche de oro, el rostro de Antonio Gaudí formado por drones en el cielo de Barcelona, mirando a su obra, la que él no pudo ver terminar, y sonriendo.







    Contemplar el espectáculo que ofrecía ayer la maravilla de la Sagrada Familia fue más que un momento televisivo o anecdótico. Es ya historia de España y del mundo.




domingo, 7 de junio de 2026

Visita de León XIV a España

 



EL PAPA LEÓN XIV VISITA ESPAÑA. ES LA PRIMERA VISITA DE UN PONTÍFICE EN 15 AÑOS DESDE LA DE BENEDICTO XVI EN 2011




¡BIENVENIDO, SANTIDAD!













Forajido special 4576

  Hoy presentamos una compra reciente: el forajido special 4576.



    Una figura muy chula que llevaba tiempo en mi lista para mi colección. El parche, el pelo largo y la cara a medio afeitar le dan un aspecto sacado del spaghetti western. Como los papeles de Klaus Kinski en este subgénero.


    He probado otras combinaciones con esta figura. Aquí, manteniendo el capote negro y poniéndole esa barba victoriana y un sombrero plano.


    Aspecto que recuerda, en este caso, a Sartana, el personaje del spaghetti western encarnado por Gianni Garko, entre otros.


Y aquí, otra combinación:




viernes, 5 de junio de 2026

La verdad tras el mito de los 12 trabajos de Heracles

   Tras terminar el mito de las doce pruebas de Heracles, analizamos, como en el caso de Jasón y los Argonautas, la verdad detrás de aquel.



    Los doce trabajos de Heracles parecen ser reminiscencias de los tiempos remotos en los que el ser humano se lanzó a transformar el medio en el que vivía. Pero la fuerza de Heracles es tan grande que el héroe lo consigue con sus propias manos: no en un proceso largo de siglos, sino en doce años. De este modo:

1. El león de Nemea, la hidra de Lerna, la cierva de Cerinea, el jabalí de Erimanto y las aves estinfálidas nos hablan de la misma realidad: dar muerte, captura o espantar a animales salvajes. No deja de ser curioso que Heracles solo tiene misión de matar a dos de esas bestias: el león y la hidra. Ambos están fuera de lo doméstico, no han aceptado el dominio humano. El león es el único animal de los trabajos que no se encuentra en Europa y la hidra es directamente fantástico. No tienen sitio, por lo tanto, en el plan transformador del continente.



2. Los establos de Augías, el toro de Creta, las yeguas de Diomedes y los bueyes de Gerión nos indican el descubrimiento de la ganadería. El ser humano ha dominado a la fuerza bruta del punto 1, la domestica y la explota. También nos puede indicar la existencia de sociedades pre-neolíticas que convivieron con sociedades ya neolíticas. En este caso, Heracles representaría a las primeras, que pretenden buscar el secreto de las segundas. No es casualidad que Gerión sea un gigante, pues son estos los conocedores de secretos vetados a los mortales (como El gigante sin corazón). Y uno de esos secretos sería la propia ganadería.

3. El punto 2 se puede aplicar también a la agricultura. En este caso, Heracles busca este "secreto" en el jardín de las Hespérides.

4. El noveno trabajo, el cinturón de Hipólita, nos habla del dominio sobre otro "secreto": la metalurgia. El héroe no forja, pues no conoce esta técnica. Ni siquiera usa armas de metal: recordemos que su arma es una maza de madera de olivo y, además, viste una piel de león. Es como si viviera aún en el Paleolítico. Tampoco pide a otros que forjen la pieza para él, como hace Sigurd en la Saga Volsunga de los vikingos. Heracles roba directamente algo que él no sabe crear.



    Si tomamos las manzanas de oro de las Hespérides como joya, solo esta y la del cinturón de Hipólita son pruebas que consisten en buscar tesoros. Pero si tenemos en cuenta que de doce trabajos tres tienen que ver con el ganado de un rey, vemos cómo la posesión de esas reses conformaba un verdadero tesoro, más que las joyas. Por lo tanto, el mito tiene un peso neolítico muy destacado, que permaneció con el paso del tiempo.
    No parece una casualidad que las cuatro últimas pruebas se sitúen muy lejos del mundo griego. En el caso del cinturón de Hipólita, el lugar se encuentra en los confines del mundo conocido para los griegos, donde, como recordamos, los helenos situaban a las amazonas, los grifos, cinocéfalos, etc. 
    Lo mismo sucede con los bueyes de Gerión. La isla de Eritía, donde habitaba el gigante de tres cabezas, se situaba más allá de las columnas de Heracles. Se cree que correspondería a la actual Cádiz (Gades), que se encuentra en una península que, hace 3000 años, era una isla. El recuerdo de aquel territorio, en contacto con el mundo griego desde tiempos remotos, junto con la tradición ganadera ibérica, forjó esta décima prueba.





    El más interesante, en este aspecto, es el undécimo trabajo: las manzanas de las Hespérides. Ya no se trata de los confines del mundo conocido: es más allá todavía. Esta prueba desafía al NON PLUS ULTRA de griegos y romanos, puesto que Heracles va más allá, a un lugar que ningún mortal ha visto. Pensemos que los griegos, a través del comercio, habían oído hablar de la India, pero no será hasta el imperio de Alejandro Magno cuando se lanzarán a conocerla por sí mismos. Lo mismo sucede con Gran Bretaña y la misteriosa Thule, que serán finalmente contempladas por Piteas. Pero ningún griego navegará rumbo oeste por el misterioso mar Océano (el Atlántico). Para el mundo heleno lo que se encuentra más allá de Iberia es un lugar misterioso, desolado, "donde habitan las sombras".





    El jardín de las Hespérides es tan misterioso que hasta los dioses tienen pocas noticias sobre él. Zeus condena a Atlas a cumplir su suplicio allí porque no está en el mundo conocido, como hace con Prometeo en el Cáucaso. Nereo ha oído hablar de él, pero no mucho más. 
    El maravilloso vergel que es dicho jardín solo puede compararse con el Edén judeocristiano:

  1. También está fuera del mundo conocido: aunque se situaba en Oriente Próximo, por los ríos descritos (entre ellos el Tigris y el Éufrates), su descripción y el hecho de que esté vetado y velado al ser humano nos hacen situarlo fuera del mundo de los mortales.



  2. El árbol que proporciona las preciadas manzanas y la presencia de la serpiente nos llevan también al Edén. Aunque la serpiente no es vigilante del árbol en el caso del Génesis: su papel es embaucador y no guardiana de tesoros, como sucede con la mayoría de los ofidios en los mitos indoeuropeos.

    Hay otra similitud muy interesante, en este caso con las islas imaginadas por griegos, romanos y celtas. Estos territorios, desconocidos para los mortales, se situaban siempre muy al oeste, más allá del temido océano. Los romanos hablan de las Islas Afortunadas, que se identifican con las Canarias, conocidas por los cartagineses. El clima y el paisaje descrito acerca de ellas, como, por ejemplo, que "sale cualquier planta" (en alusión a la fertilidad proporcionada por la tierra volcánica) pudo configurar en la imaginación el maravilloso jardín.



    Los celtas situaban en un lugar indeterminado en el océano la isla de Avalon, literalmente "isla de las Manzanas". Según la leyenda, estas frutas crecían todo el año allí y eran guardadas por unas hadas. Posteriormente, Avalon ya no se situará en el Atlántico, sino en la colina de Glastonbury Tor, en el suroeste de Inglaterra, y será el lugar que acogerá el cuerpo del rey Arturo.





   Tanto el jardín de las Hespérides como aquellas islas nos indican una cosa: los antiguos recibieron noticias vagas acerca de tierras más allá del océano ¿Navegantes desviados de su ruta las encontraron? ¿Eran Canarias, Azores o Madeira? ¿Era América? ¿Eran retazos del mito de la Atlántida?
    En cuanto al último trabajo, la captura del Cancerbero, no solo estamos en un lugar fuera del mundo conocido: es el Más Allá, el inframundo.




     Recordemos que el inframundo no es el infierno cristiano donde sufren los pecadores, sino el lugar donde se encuentran las almas de los fallecidos. La fama y poder de Heracles son tan grandes que su último desafío ha de ser el descenso al inframundo, al igual que Ulises, Orfeo y el propio Cristo. El héroe se adentra en el misterio de la muerte. Para ello, antes del descenso, Heracles es iniciado en los misterios de Eleusis


    Estos rituales, muy populares en la antigua Grecia durante siglos, giraban en torno a Perséfone y su condición de vivir entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Como la diosa nórdica Skadi, da lugar también al invierno y al verano.
    Así, desde la fuerza bruta del león de Nemea, el héroe alcanza la iniciación plena, tras pasar por el dominio de la agricultura y la ganadería. Y esa iniciación la ha logrado yendo más allá: a los confines del mundo conocido, a las tierras más allá de estos y al propio inframundo.


miércoles, 3 de junio de 2026

I will find a place to call my own

  En ciertas películas británicas hay como una atmósfera, una sensación de buen rollo, de arraigo, de algo sentimental, pero no vacío en absoluto. Es lo que pasa, por ejemplo, en Un tipo genial (Bill Forsyth, 1983) o en Tocando el viento (Mark Herman, 1996).
 Un tipo genial cuenta la historia de Mac Intyre, un hombre de negocios (Peter Reigert) enviado por el excéntrico presidente de una compañía pretolera americana (Burt Lancaster, en uno de sus papeles en Europa, como en El Gatopardo o Novecento) al pintoresco pueblo escocés de Ferness para instalar una refinería. Allí comprobará que la sencillez de la vida de sus habitantes choca con sus hábitos de la gran ciudad. Especialmente con el personaje de Ben Knox (Fulton Mackay), un personaje solitario que se niega a vender su tierra.


  La película no es, sin embargo, una apología del ecologismo, como podría intuirse. Es más, salvo Ben, la gran mayoría de los habitantes de Ferness parecen muy interesados en vender sus tierras. Pero sí vemos, de algún modo, la idea de si merece la pena sacrificar ese modo de vida sencillo y rural. En ese caso, sí se refleja mejor en el personaje de Marina (Jenny Seagrove) y su historia de amor con Danny (Peter Capaldi).


   Aunque Un tipo genial es un clásico de la comedia en el Reino Unido, su humor absurdo y surrealista no me convence. Pero sí su parte sentimental y grandes escenas, como cuando Danny y Marina contemplan la aurora boreal o el concierto local.


    Concierto en el que interpretan por primera vez la que es la verdadera estrella de la película: Going Home, de Mark Knopfler. La canción vale por todo el film, la prueba es que el disco recaudó más millones que este. En ese mismo concierto, el personaje de Víctor (Christopher Rozycki) canta otra canción que dice I will find a place to call my own ("Encontraré un lugar al que llamar mío").


    Esa frase define, de alguna forma, a la atmósfera que se desprende de estas películas. Así sucede también en Tocando el viento, donde sí se logra la mezcla de comedia y drama. La película narra la historia de unos mineros del norte de Inglaterra que tienen una banda de música. Desanimados por el cierre inminente de la mina, los personajes también están desanimados de seguir con la banda. Pero su director (Pete Postlethwaite) intenta que vean que si la banda prosigue, sus vidas seguirán teniendo sentido de alguna forma.


    Para ello, el aliciente que ha de levantar la moral de los mineros, tras el cierre de la mina, es el concurso de bandas de Londres.


    Idea muy similar a la de Rondallas (Daniel Sánchez Arévalo, 2025), con los mismos ingredientes de historias personales en un pueblo gallego.


    I will find a place to call my own puede aplicarse también a la serie Doctor en Alaska (1990-1995), que, aunque no es británica, puede insertarse perfectamente en esta atmósfera.


    El doctor Joel Fleishman, un urbanita neoyorquino, adopta, de algún modo, el papel de Mac Intyre en su destino como médico: el remoto pueblo de Cicely, en Alaska. Pero, a diferencia del agente petrolero, Fleishman tendrá que adaptarse por más tiempo. Y chocará aún más con los caracteres surrealistas de muchos de los habitantes de Cicely.


Doctor en Alaska fue copiada en 2009 en España por la serie Doctor Mateo.




    Como señaló Sergio del Molino, la clave de Doctor en Alaska es que sus personajes "son libres porque aceptan su destino". De algún modo, encuentran un lugar al que llamar suyo.


lunes, 1 de junio de 2026

sábado, 30 de mayo de 2026

La isla de los Ladrones

  Frente a las costas de Guam, los miembros de la expedición de Magallanes ven llegar a unos nativos en canoas a las naos.




Suben a los barcos y provocan una escaramuza.


Hay desorden y los nativos huyen robando objetos a los españoles, entre ellos, el batel de la Trinidad.



    Debido a esto, aunque logran recuperar el batel, los expedicionarios acuerdan abandonar Guam, tras aprovisionarse. Por esto suceso, llaman a la isla "isla de los Ladrones".