viernes, 24 de abril de 2026

La habitación de Van Gogh

    Arles, sur de Francia, 1888. Vincent van Gogh tiene alquilada una casa en esta localidad de Provenza: la Casa Amarilla. Esta es su habitación:


Aquí, en Arles, Van Gogh ha encontrado la luz y la inspiración que buscaba.


Y entre los temas que trata en sus cuadros, pinta su propia habitación.








La Heidi que queremos

    Hace unos meses hablábamos sobre la Heidi inquietante. En esta ocasión, me ocuparé de la Heidi que queremos.


No, no me refiero a esta


    Me refiero a la Heidi que nos mueve a recordar la serie, la de los momentos que nos hacían desear vivir en los Alpes suizos. Un escenario que ya desde la presentación nos invitaba a querer viajar allí.


Y la pequeña ermita, que solo salía en la presentación, pero que invitaba a pasear hasta ella.



     Pensemos en mi capítulo favorito: Regreso a los prados. Reto a cualquier pintor, dibujante o artista en general a que haga algo que esté a la misma altura que los 32 segundos que nos ofrece este episodio. Para mí son puro arte. Partimos de que la primavera ha llegado a Dorfli tras el largo invierno. Pedro retoma de nuevo su trabajo y reúne puntual a las cabras del pueblo. 


     Hemos de señalar, conectado con lo que viene a continuación, la maestría de los dibujantes japoneses de la Nipon Animation por plasmar los pueblos y escenarios alpinos, como podemos comprobar en Mutters, precioso pueblo de Austria que visité en 2014.



    En esos 32 segundos asistimos a un precioso espectáculo que nos muestra cómo poco a poco el pueblecito se va despertando y abre sus ojos (es decir, sus ventanas). 



    No es de extrañar que, entre los adultos españoles a los que Heidi conmovió allá por los años setenta, estuvieran aquellos que habían emigrado del campo a la ciudad y que se sentían identificados con las actividades rurales que aparecían en la serie. Aunque les separaran un siglo y bastantes kilómetros de los Alpes.





    Una mujer tiende, otra sacude una alfombra, otra pone un tiesto en su ventana. Los aldeanos se saludan y cada cual se pone a trabajar.





 Las abejas revolotean por las flores junto al riachuelo, proveniente del deshielo primaveral.




     Heidi y Pedro marchan a los prados y Pichí, el verderón que Heidi cuidó cuando era un polluelo, entre una multitud de pájaros, viene a saludarles al igual que las ardillas, las dormilonas (marmotas) y todos sus amigos del bosque y los prados. 




    De fondo suena una música folclórica suiza con acordeones, voces y todo. Y al final del camino la bandera metálica sobre el promontorio de piedra que indica la altura de la zona, que es otro de los emblemas de Heidi.


Heidi corre hacia ella y grita:
-¡La bandera! ¡Está aquí como el año pasado!
    Lo que para Pedro es algo normal, en lo que no repara porque forma parte de su entorno, su día a día, para Heidi es todo un espectáculo. La bandera está ahí como el año pasado, lo que significa que su microcosmos se renueva: después de la nieve, que ha paralizado el valle alpino y a sus gentes durante el invierno, llega la primavera con el buen tiempo y todo lo que trae consigo. El ciclo de la vida visto por los ojos de una niña, de todos los niños.
    Tras el drama de Francfort, el regreso de Heidi a los Alpes supone el reencuentro con todo ese microcosmos. El abuelo, que dentro de su carácter huraño ve recobrada la única alegría que le quedaba, ve el interés de Heidi por la lectura, la cual ha empezado a adquirir durante su estancia en Alemania. Y así, decide que deben bajar al pueblo para que la niña pueda ir a la escuela. Pero no puede alquilar la casa que pensaba porque no se ve capaz de vender el cabritillo nacido de su cabra Blanquita al ver cómo Heidi se ha encaprichado con él.


Ante ello, opta por arreglar una casa en ruinas, que será la residencia de invierno para él y Heidi.


Cuando Clara viaja a los Alpes es ella la que queda prendada de ese microcosmos.


    La transformación de Clara que los Alpes le ofrecen no solo sucede a nivel físico, sino también personal. En el capítulo en el que Clara le lee los salmos a la abuela de Pedro no podemos dejar pasar la revelación que hay en uno de ellos: “Dame serenidad para soportar los dolores y fuerzas para enfrentarme con la adversidad. Ilumina mi corazón cuando se apaguen mis ojos para que yo pueda dirigirme a la tierra prometida felizmente, Señor, como cuando voy a mi hogar”. Y el capítulo termina con esta frase de la narradora: “En cada criatura hay un caudal de felicidad para ofrecer a los demás”. Clara, que vivió siempre atendida por otros, sin apenas salir de su mansión de Francfort, se ve ahora útil.



    Con la visita de la abuela de Clara tiene lugar otra de las escenas que más me gustan de Heidi: la fiesta en el jardín de la casa de Dorfli.


    La estampa de los farolillos en los manzanos es como una noche de verano parada en el tiempo. Como si de algún modo fuesen todas nuestras noches de verano. Y si la abuela desafió ya la austeridad y la compostura decimonónicas de clase alta al celebrar la boda falsa en Francfort y sentarse en la hierba, para escándalo de la Rotenmeier, de nuevo lo hace al invitar a la fiesta a todos los niños del pueblo. Y con todos ellos, deseamos que esa noche de verano no termine nunca. Porque esa es la Heidi que queremos.














miércoles, 22 de abril de 2026

La verdad sobre el mito de los Argonautas

   
 Tras ver la aventura de Jasón y los Argonautas, vamos a arrojar luz sobre el mito ¿Qué hay de historia real en esta epopeya  del vellocino de oro?


  La Cólquide era el nombre con el que los griegos llamaban a la actual Georgia. De acuerdo con las noticias aportadas por los autores helenos Apiano y Estrabón, entre otros, los habitantes de esta región del Cáucaso utilizaban una técnica de extracción de oro en sus ríos muy particular. Empleaban unos vellones de carnero o de oveja y los dejaban secar en los árboles cercanos. De este modo, no había más que recoger después el oro atrapado en las pieles durante la batea. 
    La noticia de esta práctica debió extenderse por la zona, pues todo indica que es esta acción la que realizan estos dos personajes con un vellón en esta obra de orfebrería escita:



    La idea de que en la Cólquide, en el extremo oriental del mundo conocido por los griegos, existían pieles de carnero de oro debió agitar la imaginación de los helenos. Y así, surgió uno de los mitos más famosos del mundo grecorromano.




El vellocino de oro de Robert Graves trata de narrar esta historia apartándose de los elementos sobrenaturales. Pero es muy duro y pesado de leer.


 En la Edad Media, el mito del vellocino de oro se transformó en el cuento de Los tres pelos del diablo.


    En este cuento, un rey teme que un niño le quite el trono e intenta deshacerse de él. El niño sobrevive, crece y desea casarse con la princesa. Para ello, el rey le obliga a buscar los tres pelos de oro del diablo. Como vemos, muy similar al mito original. Y la idea del trono del malvado rey en "peligro" es también la misma que en el caso de Herodes el Grande.
    Como ya comentamos, este cuento tuvo su versión rusa: El niño afortunado, con un grifón en lugar del diablo, y una pluma de oro, en lugar de los tres pelos.


    En todas estas historias, el vellocino/pelos de oro/pluma de oro es un símbolo de legitimidad. El héroe no es reconocido si no tiene el preciado objeto. Por eso, los duques de Borgoña eligieron el vellocino de oro en el siglo XV como símbolo de poder cuando crearon la orden del Toisón de Oro.


    La orden pasó a ser posesión de los reyes de España con Carlos I. Su descendiente Felipe VI es el actual gran maestre.


    La idea del objeto de poder que da la legitimidad a los reyes es también la base de El cetro de Ottokar de Tintín.


    De esta manera, una técnica de extracción de oro en los ríos de la antigua Georgia dio lugar a un mito clásico, un cuento popular y un objeto de poder.


lunes, 20 de abril de 2026

La influencia del country en la música española de los 80

     Los años 80 trajeron todo un tsunami de música nueva a España. El fenómeno de la Movida, como parte de la etapa democrática tras la Transición, no solo importó estilos y movimientos musicales del extranjero, sino que produjo la aparición de grupos como rosquillas. Muchos de ellos duraron menos que un telediario. Otros solo son recordados por una sola canción. Era una música rompedora, nueva, original. A menudo no importaba la letra, sino la música. Y en otras, al contrario. 
    De un modo o de otro, el fenómeno musical de los 80 en España debe dividirse en dos etapas: primera y segunda mitad de la década. El carácter rompedor y underground caracterizó sobre todo a la primera etapa, aunque hubo muchos estilos diferentes: pop rock, synth-pop, metal, new romantic, etc. Pero ese carácter rompedor se diluyó en la segunda mitad, con temas más relajados y estilos distintos que auguraban ya la próxima década. Es la etapa de La Guardia y El Norte, entre otros, cuyo estilo marca ya distancias con lo anterior.

"Entre tú y yo, un diamante es para siempre..."


Y en esa segunda etapa llegó la influencia del country americano.


    Un estilo surgido en el país de las barras y estrellas en el siglo XIX, en plena época del oeste, por lo tanto, y que dejó grandes nombres como Johnny Cash, John Denver o Kenny Rogers.



    Un estilo que hasta ese momento de los 80 no había calado en España. Y en esa segunda etapa de los 80, con la entrada en la UE, una economía consolidada, una mirada al exterior en la que se iban fraguando las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, ambas de 1992, se empezó a hablar de "aserraderos", "dinamita" y "carreteras". Palabras que, por otra parte, habían estado siempre en nuestro léxico, pero que no eran comunes en la cultura popular, a diferencia de EEUU. 
    Es el caso de Danza Invisible, que, tras su gran éxito Sabor de amor (que relaciono siempre inconscientemente con el verano), nos habló de cómo "vivir a nuestra manera a este lado de la carretera".



    Aunque las carreteras han estado siempre presentes en España desde la época de los romanos, está claro que la influencia viene de la carretera americana, con su ruta 66, sus diners, sus camiones enormes tipo El diablo sobre ruedas, sus desiertos y bosques de abetos.

Con una camarera con falda rosa que te pregunte: "¿Qué vas a tomar, encanto?"


Unas carreteras con bosques a los lados que para mí serán siempre las de Covaleda o Santa Inés.

Otro ejemplo fue el grupo vizcaíno Dinamita pa los pollos. 


    No solo sus letras y su música, sino también su estética, nos hablaban de ese mundo americano. Nos hablaban de cómo un tal Billy Joe se cortó un dedo en el aserradero:

Billy Joe en el aserraderocon la motosierrase cortó un dedo.Ya no puede tocarel banjo en el rodeo,pobre Billy Joe


    El estilo desenfadado de Dinamita pa los pollos conecta con el de Los inhumanos, No me pises que llevo chanclas o Zapato veloz. Aunque estos no bebían del country, entraron juntos en el agropop y aquel mundo de fiesta y verbena de principios de los 90.


"Tengo un tractor amarillo que es lo que se lleva ahora"


    Al igual que Danza InvisibleDinamita pa los pollos hay que nombrar también a Revólver. El grupo liderado por Carlos Goñi nos dejó Si es tan solo amor.




 Con una música y una letra que dice "Cuántas carreteras yo quemé por ti", Revólver nos habla, nuevamente, de ese mundo americano que, al fin y al cabo, una parte de aquí hizo suyo.


El vellocino de oro

  Al fin, Jasón y los Argonautas llegan al lugar donde se encuentra el vellocino de oro, colgado de un árbol. Pero el lugar es vigilado por una gigantesca serpiente.






Ahora, después de tantos peligros y con la preciada piel al alcance ¿cómo derrotarán al monstruo?


Nuevamente, Medea echa mano de sus artes de hechicería. Y la joven hace caer a la serpiente en un profundo sueño.


Con el monstruo fuera de combate, Jasón escala hasta el árbol y coge el vellocino.
-¡Por Hera, ya es nuestro!


¡Al fin! Jasón tiene ya la preciada piel que le mandara buscar su tío el usurpador Pelias. Ahora, con Medea a su lado, podrá regresar a Yolco y exigir el trono de este. Los Argonautas han triunfado en esta grandiosa aventura.