En ciertas películas británicas hay como una atmósfera, una sensación de buen rollo, de arraigo, de algo sentimental, pero no vacío en absoluto. Es lo que pasa, por ejemplo, en Un tipo genial (Bill Forsyth, 1983) o en Tocando el viento (Mark Herman, 1996).
Un tipo genial cuenta la historia de Mac Intyre, un hombre de negocios (Peter Reigert) enviado por el excéntrico presidente de una compañía pretolera americana (Burt Lancaster, en uno de sus papeles en Europa, como en El Gatopardo o Novecento) al pintoresco pueblo escocés de Ferness para instalar una refinería. Allí comprobará que la sencillez de la vida de sus habitantes choca con sus hábitos de la gran ciudad. Especialmente con el personaje de Ben Knox (Fulton Mackay), un personaje solitario que se niega a vender su tierra.

La película no es, sin embargo, una apología del ecologismo, como podría intuirse. Es más, salvo Ben, la gran mayoría de los habitantes de Ferness parecen muy interesados en vender sus tierras. Pero sí vemos, de algún modo, la idea de si merece la pena sacrificar ese modo de vida sencillo y rural. En ese caso, sí se refleja mejor en el personaje de Marina (Jenny Seagrove) y su historia de amor con Danny (Peter Capaldi).
Aunque Un tipo genial es un clásico de la comedia en el Reino Unido, su humor absurdo y surrealista no me convence. Pero sí su parte sentimental y grandes escenas, como cuando Danny y Marina contemplan la aurora boreal o el concierto local.
Concierto en el que interpretan por primera vez la que es la verdadera estrella de la película: Going Home, de Mark Knopfler. La canción vale por todo el film, la prueba es que el disco recaudó más millones que este. En ese mismo concierto, el personaje de Víctor (Christopher Rozycki) canta otra canción que dice I will find a place to call my own ("Encontraré un lugar al que llamar mío").
Esa frase define, de alguna forma, a la atmósfera que se desprende de estas películas. Así sucede también en Tocando el viento, donde sí se logra la mezcla de comedia y drama. La película narra la historia de unos mineros del norte de Inglaterra que tienen una banda de música. Desanimados por el cierre inminente de la mina, los personajes también están desanimados de seguir con la banda. Pero su director (Pete Postlethwaite) intenta que vean que si la banda prosigue, sus vidas seguirán teniendo sentido de alguna forma.
Para ello, el aliciente que ha de levantar la moral de los mineros, tras el cierre de la mina, es el concurso de bandas de Londres.
Idea muy similar a la de Rondallas (Daniel Sánchez Arévalo, 2025), con los mismos ingredientes de historias personales en un pueblo gallego.
I will find a place to call my own puede aplicarse también a la serie Doctor en Alaska (1990-1995), que, aunque no es británica, puede insertarse perfectamente en esta atmósfera.
El doctor Joel Fleishman, un urbanita neoyorquino, adopta, de algún modo, el papel de Mac Intyre en su destino como médico: el remoto pueblo de Cicely, en Alaska. Pero, a diferencia del agente petrolero, Fleishman tendrá que adaptarse por más tiempo. Y chocará aún más con los caracteres surrealistas de muchos de los habitantes de Cicely.
Doctor en Alaska fue copiada en 2009 en España por la serie Doctor Mateo.
Como señaló Sergio del Molino, la clave de Doctor en Alaska es que sus personajes "son libres porque aceptan su destino". De algún modo, encuentran un lugar al que llamar suyo.