sábado, 31 de octubre de 2026

Medium

     Un día se le ocurrió a la madre que los retratara yo a los tres, en grupo, para mandar el retrato a sus parientes de Inglaterra. Román y yo colocamos un toldo de lona en la azotea, y bajo él se pusieron la madre y sus dos hijos. Enfoqué, y por si acaso me salía mal, impresioné dos placas.


    Enseguida Román y yo fuimos a revelarlas. habían salido bien; pero sobre la cabeza de la hermana de mi amigo se veía una mancha oscura.




    Dejamos secar las placas, y al día siguiente las pusimos en la prensa, al sol, para sacar las diapositivas.
    Ángeles, la hermana de Román, vino con nosotros a la azotea.


    Al mirar la primera prueba, Román y yo nos contemplamos sin decirnos ni una palabra. Sobre la cabeza de Ángeles se veía una sombra blanca de mujer de facciones parecidas a las suyas.


    En la segunda prueba se veía la misma sombra, pero en distinta actitud: inclinándose sobre Ángeles, como hablándole al oído. 


Nuestro terror fue tan grande, que Román y yo nos quedamos mudos, paralizados.


Ángeles miró las fotografías y sonrió, sonrió. Esto era lo grave.




    Yo salí de la azotea y bajé las escaleras de la casa tropezando, cayéndome, y al llegar a la calle eché a correr, perseguido por el recuerdo de la sonrisa de Ángeles. 
Al entrar en casa, al pasar junto a un espejo, 


la vi en el fondo de la luna, sonriendo, sonriendo siempre.


    ¿Quién ha dicho que estoy loco? ¡Miente!, porque los locos no duermen, y yo duermo... ¡Ah! ¿Creíais que yo no sabía esto? Los locos no duermen, y yo duermo. Desde que nací, todavía no he despertado.

Pío Baroja
Medium




viernes, 30 de octubre de 2026

Romance del caballero

 

En el tiempo que me vi
más alegre y placentero,
me encontré con un palmero
que me habló y dijo así:



-¿Dónde vas, el caballero,
dónde vas, triste de ti?
Muerta es tu linda amiga,
muerta es que yo la vi.



Las andas en que ella iba,
de luto las vi cubrir.
Condes, duques la lloraban
todos por amor de ti.





Dueñas, damas y doncellas,
llorando decían así:
-¡Ay, pobre del caballero,
que tal dama pierde aquí!



-Que esté muerta,
que esté viva,
a verla tengo de ir,
al subir de mi escalera,
una sombra vi venir.
-No te asustes, dueño mío,
no te asustes tú de mí;
que soy tu amiga querida,
que ha venido a verte aquí.




-Si eres mi amiga querida,
echa tus brazos a mi.
-Los brazos que te abrazaban
a la tierra se los di.



-Si eres mi amiga querida,
echa un beso para mí.
-Los labios que te besaban
los gusanos dieron fin.



-Cásate, buen caballero,
cásate y te pido así,
que la mujer que tú tengas,
que la estimes como a mí.


miércoles, 28 de octubre de 2026

Accidente de tren en Toledo

 

NUESTRA SOLIDARIDAD CON LAS VÍCTIMAS DEL ACCIDENTE DE TREN DE TOLEDO





SE SUPONÍA QUE LAS POSIBILIDADES DE QUE SE REPITIERA EL DE ADAMUZ ERAN "BAJÍSIMAS"



ÓSCAR PUENTE DIMISIÓN YA

Cuando llegaba la noche

   Hay imágenes que nos llevan a momentos o simplemente a sensaciones, atmósferas o ambientes. Es lo que sucede con lo que comenté al hablar de Suspiria. Y es lo que sucedía, especialmente, cuando llegaba la noche.
    Un camino solitario al anochecer puede suponer fantasmagóricos encuentros, como ya comenté aquí. Y ahora que estoy leyendo Manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki, veo que hace ya siglos que esos escenarios son vistos así.


    Pensemos en la Santa Compaña, que se aparece, según la superstición gallega (y su versión asturiana, la Güestia, y la castellana, la Estantigua), en caminos solitarios. El mismo escenario en el que se situaba el viejo cuento de La zarza, en el que un hombre cree ser atacado por bandidos, o las llamadas Damas de carruajes, versión de la Edad Moderna de las actuales chicas de la curva. Y algo deben de tener esos caminos cuando yo de pequeño, que no conocía nada en torno a estas leyendas y supersticiones, veía esa caída de la noche en aquellos caminos cerca de casa como algo inquietante. Es lo que ya comenté aquí sobre los fondos de los cuadros de Goya.


  Y así lo relacioné con imágenes en aquel tiempo, ya fuesen provenientes de los cuentos que me leían, como El gigante de Violeta Denou, o en El ahijado de la muerte, de los hermanos Grimm. 



    Aunque existen varias versiones (El soldado y la muerte, El carbonero y la muerte, etc.), en todas ellas, el momento más inquietante es cuando la Muerte le enseña al protagonista una sala llena de velas encendidas y le dice que son las almas de la humanidad.


    Resulta curioso que el filósofo alemán Hans G. Gadamer contó una vez que El ahijado de la muerte era el cuento que más le había atemorizado de pequeño y precisamente por esa escena.
    Lo mismo sucede con series, como El Cuentacuentos,




    Cuando llegaba la noche, cuando era pequeño, una habitación a oscuras podía convertirse en la morada de un ser fantasmal, de una sombra maligna. Así aparecía en mis pesadillas de pequeño, al igual que en la plaza, cerca de mi casa, unas brujas celebraban una reunión, acompañadas de sus gatos. Una mujer de negros cabellos y vestido rojizo podía aparecer junto a la ventana. La momia de Rascar Capac de Las 7 bolas de cristal de Tintín podía aparecer en cualquier momento.


    Años después, me es imposible no ver en ciertos cuadros inquietantes esa caída de la noche, como en los de León de Spilliaert,





en los de William Degouve de Nuncques,





o en los de Paul Delvaux.


Lo mismo transmite La noche, la pintura del tocador de señoras del casino de Murcia.


    Cuando llegaba la noche, en resumen, la imaginación se disparaba. Y en este mundo dominado por la IA y la mediocridad, cuánto se echa de menos.




martes, 27 de octubre de 2026

La España macabra

  Este año, los investigadores Gorka López de Munain y Miriam Beltrán Valiente sacaron un libro llamado España macabra. Aunque no lo he leído, contaron en Cuarto Milenio sus investigaciones, todas relacionadas con elementos, obras, figuras, etc. relacionadas con lo macabro en nuestro país. Abro este hilo para exponer mis aportaciones sobre el tema. 
    Empezando por la Capilla de los Santos de la catedral nueva de Salamanca. En ella, allá por 1994, en la exposición castellanoleonesa de Las Edades del Hombre, pude ver de pequeño a la Muerte, en un hueco, con el letrero MEMENTO MORI: "Recuerda que morirás".


    El mismo terror que me provocaba el romance de El enamorado y la muerte, que aterrorizó igual allá por el siglo XV.


    No lejos están los cuadros del barroco español, donde regresan los esqueletos, como en los de Juan de Valdés Leal y su In Icti Oculi ("En un abrir y cerrar de ojos"). Lo más macabro es que estuviese colgado en un hospital.



O El árbol de la vida de Ignacio de Ries.


¡Qué decir del tétrico y ancestral toque de ánimas!


O de la España profunda que nos muestra Javier Gutiérrez Solana:




Y el cartel de esa misma España profunda que encontré en el cementerio de Madriguera (Segovia):


También lo he visto en los pueblos sorianos de Cidones y Los Llamosos.
    Testimonios todos ellos de aquella España macabra, que es, al fin y al cabo, parte de nuestra cultura ancestral.




lunes, 26 de octubre de 2026

Victoria en el Camp Nou



 EL CLÁSICO ES NUESTRO ¿QUÉ MÁS HAY QUE DECIR?




MADRID, MADRID, MADRID, HALA MADRID Y NADA MÁS



Mis películas de terror

    Ya comenté el año pasado mi relación de amor-odio con el género de terror en el pasado. Era normal siendo yo un niño, pero, al mismo tiempo, los escenarios nocturnos siempre me atraparon y forjaron esa relación. Es decir, un camino solitario de noche daba pie a encontrarse con aparecidos o cualquier atacante, pero, al mismo tiempo, la intriga de qué podía sugerir esta ahí. Una casa encantada (en la ficción, obviamente) era una imagen terrorífica, pero, al mismo tiempo, la intriga del misterio que podría ocultar. 
    Por otro lado, aun siendo un tema para adultos, el terror se ha introducido en el mundo infantil de forma adaptada y, a menudo, como parodia. No solo en Halloween, sino en libros. Mis primeros contactos con esa forma de terror, al igual que muchos otros niños de mi generación, fue a través de la televisión, con series como Draculín,


Bitelchús, 


o películas como Casper


o La familia Addams.



Sin olvidar la canción de Miércoles de Bom Bom Chip.


Al principio de la adolescencia, cuando ya podíamos acceder al cine de terror, comencé con una obra maestra del género, con la que otros se iniciaron también: Al final de la escalera (Peter Medak, 1980).


    La historia de un músico viudo (George C. Scott) que es contactado por el espíritu de un niño en una casa antigua para cobrar su venganza marcó un hito en el cine de terror. Ofreció una serie de componentes (el espíritu contactando a través de ruidos, apariciones, incluida la famosa pelota; sesión de espiritismo, psicofonías...) que influyeron de manera decisiva en películas posteriores. 
    Películas como Los otros (Alejandro Amenábar, 2001), otra imprescindible para mí, que supo combinar lo mejor del género (incluida la atmósfera, tema del que ya hablamos en Suspiria) con la originalidad de la escena final.


    Pero antes de todas ellas, Hitchcock ya había marcado un antes y un después con Psicosis.


    La casa en la colina (heredera de Edward Hopper), el motel de carreteras, Norman Bates... y su madre, la escena de la ducha, inauguraron una nueva era para el género de terror. Toda una generación de cineastas, los llamados Movie Brats (Spielberg, Brian de Palma, Scorsese, Lucas y Francis F. Coppolla), se forjó a partir de Psicosis y, en general, el cine de Hitchcock.
    Motivación que llevó a De Palma a adaptar la novela de Stephen King, Carrie.


    El terror que debía de provocar la venganza telequinética de Carrie lo aportó, por el contrario, todo cuanto rodea al personaje de la madre: el fundamentalismo religioso, la casa y la estética asfixiante católica, etc. Al mismo tiempo, su denuncia del bullying es, todavía a día de hoy (huyamos de los remakes), una de las más trascendentes y significativas.
    Pero, ya antes de Carrie, llegué a las adaptaciones de King a través de El resplandor.


    El gran hito del terror psicológico, con el escenario insuperable del hotel en la nieve de Colorado, además de las (discutibles) referencias al genocidio contra los indios norteamericanos, supone otro pilar imprescindible del género.
    Las últimas décadas, por el contrario, no han dejado títulos a la misma altura. La era que inauguró Halloween (John Carpenter, 1978) con el subgénero del slasher se ha explotado, por desgracia, hasta la saciedad con Scream, Saw, y sus secuelas. La repetición de fórmulas planteadas en el siglo XX o ya en el XXI ha caracterizado la producción de películas como Insidious (James Wan, 2010), Paranormal Activity (Oren Peli, 2007), REC (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007), Mamá (Guillermo del Toro, 2013), Hereditary (Ari Aster, 2018) o Nunca apagues la luz (David F. Sandberg, 2016), con mayor o menor fortuna.
    Pero si tengo que elegir obras de estas dos últimas décadas, me quedo con la serie La maldición de Hill House


y con Barbarian (Zach Cregger, 2022).