miércoles, 15 de abril de 2026

Llegada a la Cólquide

   Jasón y los Argonautas han atravesado el Ponto Euxino, tras varias semanas de navegación, y han llegado al fin a la Cólquide.


Desde el Olimpo, los dioses observan el desembarco:



-¿Y bien, Poseidón? Mi protegido Jasón ha logrado atravesar tus dominios sin que nada le haya sucedido. Incluso ha logrado atravesar las Rocas Simplégades.-dice Hera.
-¡Bah! Ha tenido suerte, eso es todo...


-Y tú, Afrodita, tan segura parecías de dominar la situación en la isla de Lemnos, pero no has logrado ganar...-dice Atenea.
-No estés tan segura, Atenea. Todavía hay una última carta que jugar en la Cólquide...-sonríe Afrodita.


-¿Qué quieres decir, Afrodita?-pregunta Zeus.
-Jasón se dirige a Ea, la ciudad del rey Eetes. Allí conocerá a Medea, la hija del rey. Y ambos se enamorarán. Como veis, siempre gano...



En efecto, Jasón se presenta ante el rey Eetes y reclama el vellocino de oro.


    Los ojos del héroe griego miran más allá, a la hermosa joven que está en la sala: Medea, la hija del rey, conocedora de la hechicería. Y Medea cae enamorada al instante de Jasón.


    Eetes le dice a Jasón que para llegar hasta donde se encuentra el vellocino deberá uncir a dos toros con pezuñas de bronce que expulsan fuego.


Jasón se queda desanimado, pues nuevos peligros se le presentan tan cerca de la meta. Medea se acerca a él:
-Yo te diré cómo salvar ese peligro, Jasón. Te acompañaré hasta los toros.




martes, 14 de abril de 2026

Los que le seguían no le abandonaron


    En su libro Antigüedades judías el historiador judío Flavio Josefo dedica un párrafo para hablar de Jesús. Este texto es conocido como Testimonio Flaviano y es usado como fuente histórica para demostrar la existencia del nazareno. El párrafo es el siguiente (en negrita aparece el texto original sin interpolaciones posteriores):

 Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo, y atrajo hacia Él a muchos judíos y a muchos gentiles además. Era el Cristo. Y cuando Pilato, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas. La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día.


     El texto no solo supone una valiosa fuente de información sobre Jesús al margen de los evangelios (por la fecha de su composición, década de los 90 del siglo I, coincidiría con la fecha aceptada para la elaboración del evangelio de San Juan). Demuestra, además, cuatro elementos esenciales que están en los evangelios:

1. La sabiduría de Jesús.
2. El hecho de que le seguían multitudes.
3. La idea de que fue condenado a morir crucificado por Pilato la denuncia del Sanedrín ("los principales entre nosotros").
4. La idea de que sus seguidores no le abandonaron y se multiplicaron tras su muerte.

    De todas ellas, me quedo especialmente con la última: los que le seguían no le abandonaron ¡Qué enorme fuerza en esta frase! Aunque los evangelios coinciden en que, excepto el apóstol Juan, el resto de los doce se dispersaron por miedo, está claro que lo que Jesús les inculcó, el tiempo vivido junto a Él fue tan grande, que no podía terminar con la muerte.



     La incredulidad que supone la resurrección para los apóstoles, de acuerdo con el evangelio, supone, al mismo tiempo, el ansia de aquellos seguidores (incluidas las mujeres) por ver de nuevo a su líder. Como el Could we start again please? de Jesucristo Superstar: ¿Podríamos empezar de nuevo? En otras palabras, aquel que hizo tanto por nosotros, al que seguimos con ilusión, ya no está ¿No sería maravilloso que volviera?


 Y entonces surge algo poderosísimo: Él vuelve. Y, de algún modo, es como si dijera: Mirad, he vuelto por vosotros. Vuelve para reunirse de nuevo con sus apóstoles. Porque pensémoslo: ellos le echaban de menos, pero también Él, en ese estado extraño e indeterminado del sepulcro, les echaba de menos. Porque ellos, los que le seguían, no le abandonaron y Él tampoco les abandonará.



¡GRACIAS!




lunes, 13 de abril de 2026

Lansquenetes: la era de los mercenarios XVI

  Volvemos al tema de los lansquenetes para mostrar combinaciones sobre la figura del caballero special 4555, que conseguí suelto en una feria de coleccionistas (aunque sin el maravilloso escudo). En esta primera imagen, con su preciado mandoble (zweihander).







Aquí, con pechera y alabarda:










sábado, 11 de abril de 2026

Las Rocas Simplégades

  Tras recibir el consejo de Fineo el adivino los Argonautas navegan al encuentro de las Rocas Simplégades, aquellas que chocan entre sí. A pesar de ser tan peligrosa saben que es la única forma de llegar al Ponto Euxino.



El Argo se aproxima a las terribles rocas:


    Siguiendo el consejo de Fineo, Jasón suelta una paloma. Si el ave logra pasar a través de las Simplégades, el Argo podrá pasar.


Los Argonautas contienen la respiración al observar el vuelo de la paloma ¡Y el ave consigue pasar!


-¡Adelante!-grita Jasón. Y los remeros ponen toda la fuerza para que la nave logre atravesar el peligroso paso.


    La paloma perdió algunas plumas de su cola, así que el Argo pierde también parte de su popa, pues las Simplégades vuelven a chocar en el último momento. Pero están a salvo. Y ante ellos, ahora, se extiende el Ponto Euxino. Y más allá, la Cólquide, donde se encuentra el vellocino de oro.




miércoles, 8 de abril de 2026

Las ciudades imposibles de Basoli

  En los años noventa existió una revista de arte llamada FMR. No sé si seguirá existiendo. Era una revista cara, elegante, con una gran calidad de fotografías y articulistas, que no iba a los típicos autores y obras de la historia del arte, sino a lugares rebuscados y artistas desconocidos. Cuando de pequeño miraba los ejemplares que había en casa, había un reportaje que me llamaba poderosamente la atención y que se titulaba: Las ciudades imposibles. Se trataba de un recorrido por la obra de un pintor italiano olvidado: Antonio Basoli.


    En Google hay muy pocas obras mostradas de este artista que vivió en Italia entre los siglos XVIII y XIX. Por eso, la mayoría de las imágenes que muestro en este post son de aquel número (el 28, concretamente) de FMR. Sirva como homenaje a Basoli y a aquel artículo. Obsesionado con la Antigüedad clásica, Basoli destacó sobre todo como profesor de academia y decorador para óperas. Estuvo influido especialmente por Giovanni Battista Piranesi, artista que destacó no solo por sus dibujos de ruinas romanas, sino por sus famosas cárceles "d'invenzione" (imaginarias):


    Basoli no ha tenido la suerte de ser tan recordado como su admirado maestro, pero llevó ese interés por crear arquitecturas imaginarias de manera fascinante. Todo ello fruto de la unión entre su gran conocimiento sobre el mundo antiguo y su gran imaginación. Si ya Claude Lorraine había mostrado unas vistas imaginarias de la Antigüedad clásica, Basoli le supera claramente en imaginación.
    Una de las obras que más me sorprendían es Gran emisario en un jardín. En ella, Basoli nos muestra una colosal construcción romana (si nos fijamos en las diferencias con las personas pintadas) que acoge una piscina enorme. El agua de esta es suministrada por las cascadas que llegan de manera soterrada. Algunas bañistas juegan en la orilla, mientras patricios romanos pasean por las escaleras del fondo, en el cual se divisa el jardín que da nombre a la obra, pero no sé dónde se habrá metido el gran emisario...


    La obra da una sensación de inmensidad desbordante. Y las entradas de agua siempre me han recordado a las cloacas de La sorpresa del césar:


    Sin alejarnos de Roma, observemos este Antiguo puerto romano sobre el Tíber, en el que no faltan la Loba Capitolina, todo tipo de barcos y acumulaciones de edificios:


    Basoli realizó también una serie de obras al óleo y tinta sobre cartón dedicadas a los colosos de la Antigüedad, como el de Rodas


o los de Memnón en Egipto.


Pero mi favorito siempre será el de Domiciano, en Roma:


 La enorme estatua ecuestre del emperador, el último de la dinastía Flavia, ya no existe, pero se levantaba en el Foro y medía ocho metros de altura (trece incluyendo el basamento). Conmemoraba la victoria de Domiciano sobre los germanos. Gracias a las monedas de la época, sabemos que la estatua de Domiciano tenía una pata alzada y bajo ella se representaba un enemigo derrotado, que simbolizaba, a su vez, al río Rin. De la obra de Basoli no solamente me llamaba la atención el coloso, sino también el estanque con su isla en el centro y sobre ella otra estatua ecuestre más pequeña.
    Pero mi serie favorita de Basoli era la dedicada a "Las cuatro partes del mundo". Aquí tenemos África, representada, claro está, por Egipto, con templos y pirámides inmensos en los que perdernos:
    

    América, que viene a ser una visión muy libre de la civilización azteca y de otras culturas mesoamericanas:


Europa, representada, claro está, por Roma:


    Y mi favorita, Asia, que nos presenta una grandiosa ciudad de la India, que abarca hasta donde alcanza la vista:


    Mirar esta ciudad hindú es imaginar historias de aventuras, no en la Antigüedad, sino en la época colonial victoriana, con rajás, princesas, fakires y fanáticos de la secta de Kali.
    La genialidad de Basoli es la de un creador de mundos a partir de cosas existentes. Un mago de la imaginación. Como dice Alessandra Borgogelli, autora del artículo, "Mas no se trata de proyectar ciudades ideales, vinculadas siempre a un concepto de buenas funciones y verosimilitud, capaces de complacer a cualquier clientela. No, aquí el desafío es más extremado: se trata de meros hechos fantásticos, de soluciones a menudo imposibles. Basoli proyecta el pasado hacia el futuro por un puro ejercicio que pretende desafiar al sentido común".


lunes, 6 de abril de 2026

Expediente Resurrección

 Ahora, en Pascua, me pregunto acerca de la Resurrección en sí y de lo que de ella se cuenta en los evangelios.


   1. ¿Se describe la Resurrección en sí?

 Partimos de un hecho que ya comentamos hace tiempo: los evangelios canónicos NO narran la Resurrección en sí. Es decir, no narran el momento en el que Cristo vuelve a la vida y sale del sepulcro.     En el arte medieval y renacentista, sin embargo, cuando se representa este tema, Cristo aparece triunfante, saliendo de aquel sitio, ante la mirada despavorida de los soldados romanos que los sacerdotes habían solicitado a Pilato para guardar la tumba.


    Solo el evangelio de San Mateo nombra a estos soldados y, de quien huyen, según el evangelista, es de un ángel, no del Resucitado.
    En el evangelio apócrifo de Pedro, por el contrario, sí se narra la Resurrección y de forma sorprendente. Según este escrito, en la noche, una voz se escucha en el cielo. Dos varones descienden de este. La pesada piedra que cerraba el sepulcro se mueve sola y los varones entran en este, ante el asombro de los soldados. Después, los dos seres salen llevando a Cristo. Las cabezas de los dos primeros llegaban hasta el cielo, mientras que la de Cristo, los sobrepasaba. Tras ellos iba una cruz que andaba sola, y que es el elemento más misterioso del relato. Una voz del cielo pregunta: "¿Has predicado a los que duermen?" y la cruz responde: "¡Sí!".




2. ¿Quiénes fueron testigos de la Resurrección?

 Los cuatro evangelios narran el testimonio de las mujeres que acuden al sepulcro a embalsamar el cuerpo pasado el sabath:

a) El evangelio de San Mateo dice que fueron dos: María Magdalena y la "otra María". Desconocemos a qué María se refiere. En el Nuevo Testamento aparecen mencionadas siete Marías, sin contar la Magdalena:
 -La Virgen: obviamente, no se trata de esta, pues no la nombrarían así.
-María de Cleofás: se sabe que estaba en el momento de la crucifixión, pero no sabemos quién es.
-María de Betania: la hermana de Lázaro y Marta.
-María de Santiago: madre de los apóstoles Santiago el Mayor y Juan. Otros la han identificado con la madre de Santiago el Menor, y que sería hermana de la Virgen. Otros la han identificado con la propia María de Cleofás.
-María, la madre de Marcos: la madre del evangelista (o, más bien, a quien la tradición ha asignado como el autor del evangelio del mismo nombre). Solamente en los Hechos de los Apóstoles se la nombra como dueña de la casa donde San Pedro se refugia tras ser liberado de la cárcel.
-María Salomé: o simplemente Salomé. Es nombrada como discípula de Jesús. Y, al igual que María Magdalena, debía tener mucha cercanía con el nazareno, tal y como se desprende de dos de los evangelios gnósticos: el de Tomás y el de los Egipcios.
-María de Roma: mencionada por San Pablo en su carta a los Romanos.

    Imposible asegurar, por lo tanto, de qué María se trata. El evangelio de San Mateo dice que el propio Jesús resucitado se aparece a aquellas dos Marías y les dice que los apóstoles le encontrarán en Galilea.


b) El Evangelio de San Marcos nombra a tres mujeres: la Magdalena, María de Santiago y Salomé. Las tres huyen al ver al ángel. Solo la Magdalena se encuentra más tarde con Jesús. Entre los estudiosos del cristianismo primitivo sostienen que esta última aparición es un añadido posterior al evangelio. También consideran añadido la siguiente aparición: a dos discípulos que iban por el campo. Esta última coincidiría con la narrada en el evangelio de San Lucas: la de Emaús.


c) El Evangelio de San Lucas habla de tres mujeres: la Magdalena, Juana y María de Santiago. Esa Juana era otra discípula, esposa de un ecónomo de Herodes Antipas. Los apóstoles no creen a estas mujeres y San Pedro acude en persona al sepulcro para comprobarlo por sí mismo. A continuación, Lucas habla de la mencionada aparición en Emaús.


d) El evangelio de San Juan solo habla de una mujer como testigo: la Magdalena. Es la escena del Noli me tangere, de la que ya hablamos.



    Todo esto nos lleva a dos conclusiones:

-Las mujeres son los primeros testigos de la Resurrección, independientemente de su número e identidades. En la sociedad judía el testimonio de las mujeres no tenía validez. Que los cuatro evangelios insistan en que fueron mujeres marca un alejamiento de la tradición judía. Si esto es un reflejo del helenismo promovido por San Pablo, de acuerdo con los investigadores del Jesús histórico, tampoco es que los griegos fueran muy feministas (más bien al contrario...). Por lo tanto, nos lleva demostrar que el relato de que los primeros testigos de la Resurrección eran mujeres se mantuvo durante décadas y así fue recogido por los autores de los evangelios. Y esto nos lleva a otra cuestión: unas mujeres presenciaron algo ¿Pero qué? Si la historiografía descarta la Resurrección como hecho histórico al no ser un hecho repetible (de acuerdo con sus parámetros) ¿qué vieron las mujeres?

-María Magdalena es la única mujer que los cuatro evangelistas nombran como testigo seguro. La transmisión del relato en época posterior a la muerte de Jesús no podía ocultar un hecho así. Ninguna mujer fue apóstol, pero ninguna mujer huyó ante el prendimiento de Cristo, a diferencia de los apóstoles, salvo Juan. La lealtad de la Magdalena tuvo que ser algo a destacar hasta el punto de quedar registrado como testigo esencial.

 3. ¿Cómo se les aparece Jesús?

 Tanto en la escena de Emaús como en la aparición del evangelio de San Juan los testigos no reconocen a Jesús al principio. En el caso de Emaús, hasta que parte el pan en la cena. Y en el caso de la Magdalena, hasta que Jesús la llama por su nombre ¿Por qué? ¿Se encontraba bajo alguna forma extraña? ¿Iba disfrazado? ¿Era solo una imagen que flotaba, como un holograma? Sigue siendo un misterio.





Pascua 2026

 FELIZ PASCUA