martes, 28 de abril de 2026

Casa de Heidi

  El jueves pasado conseguí al fin la casa de Heidi de Playmobil, una referencia que llevaba tiempo queriendo tener en mi colección (y además a mitad de precio). La cabaña es tal cual la de la serie, salvo algunas diferencias.


    La referencia trata de plasmar, según las figuras que incluye, el primer capítulo, en el que Heidi llega por primera vez a la cabaña acompañada por su tía Dete. Escena en la que el abuelo está sentado en el banco de fuera con Niebla.



    El establo donde duermen las cabras del abuelo, Blanquita y Diana, no tiene la puerta por donde aparece en la serie. Recordemos que esta serie de Playmobil de Heidi reproduce la serie "nueva": la de 3D, que es casi igual que la de 2D, pero con algunas diferencias.







El abuelo enseña a Heidi a ordeñar.


    También está cambiado el taller del abuelo, que en la serie original se encontraba anexo a la parte izquierda de la casa. Aquí, simplemente, no existe. Solamente hay unos aperos y herramientas colgados de la pared exterior, entre ellos, la guadaña que utiliza el abuelo para segar el heno.


    El interior también permanece fiel a la serie, salvo el armario azul que en la original estaba empotrado y sin pintar:


    La escalera no se encontraba cerca de la puerta, pero en esta versión Playmobil se ha dispuesto así para poder acceder mejor a la hora de jugar.








    En el piso de arriba, el granero, que es también la habitación de Heidi, cuya cama es un montón de heno.





Y la famosa ventana redonda, por donde tantas veces se asomaba Heidi.





Tampoco podía faltar Pichí, el verderón al que Heidi cuidó.







domingo, 26 de abril de 2026

El león de Nemea

  Heracles, a quien vimos en la expedición de los Argonautas, es poseído por la locura. La diosa Hera, que no perdona a su esposo Zeus el haberlo engendrado con la mortal Alcmena, no ha dejado de intentar poner obstáculos al semidiós. Y ahora, ha metido la locura dentro de Heracles. Poseído, mata a su esposa Megara y a sus hijos. Cuando la locura desaparece de su cabeza, Heracles se horroriza al ver lo que acaba de hacer.


    El semidiós va al templo de Apolo en Delfos, con la esperanza de que el oráculo le indique qué debe hacer para expiar su crimen.



Heracles entra en el templo y presenta su petición al oráculo. La pitonisa entra en trance.


-Heracles, hijo de Zeus. Tu crimen es grande, pero mayor será la gloria que obtendrás para repararlo. Los dioses te ofrecen la manera. Debes ponerte al servicio del rey Euristeo de Micenas. Él te mandará realizar unas pruebas en las que habrás de demostrar tu fuerza y valor.


Esperanzado, Heracles se presenta en el palacio del rey Euristeo, en Tirinto.
-La primera prueba que debes realizar es matar al león de Nemea.-ordena el rey.


Heracles llega hasta la guarida del león. Con él lleva su arma favorita: una maza de madera de olivo.


La lucha es feroz. Pero Heracles comprueba que la maza no es suficiente para doblegar a la fiera.


Así, el héroe se ve obligado a estrangular al león con sus propias manos.


    Porta el cuerpo del león de Nemea hasta la presencia de Euristeo. 


    Este se espanta al verlo. Teme que, dada la fuerza de Heracles, este pueda rebelarse y atacarle a él. Decide que para las siguientes pruebas será el heraldo Copreo el que las encomendará directamente al héroe y que lleve las presas ante la muralla, sin entrar en palacio.



viernes, 24 de abril de 2026

La habitación de Van Gogh

    Arles, sur de Francia, 1888. Vincent van Gogh tiene alquilada una casa en esta localidad de Provenza: la Casa Amarilla. Esta es su habitación:


Aquí, en Arles, Van Gogh ha encontrado la luz y la inspiración que buscaba.


Y entre los temas que trata en sus cuadros, pinta su propia habitación.








La Heidi que queremos

    Hace unos meses hablábamos sobre la Heidi inquietante. En esta ocasión, me ocuparé de la Heidi que queremos.


No, no me refiero a esta


    Me refiero a la Heidi que nos mueve a recordar la serie, la de los momentos que nos hacían desear vivir en los Alpes suizos. Un escenario que ya desde la presentación nos invitaba a querer viajar allí.


Y la pequeña ermita, que solo salía en la presentación, pero que invitaba a pasear hasta ella.



     Pensemos en mi capítulo favorito: Regreso a los prados. Reto a cualquier pintor, dibujante o artista en general a que haga algo que esté a la misma altura que los 32 segundos que nos ofrece este episodio. Para mí son puro arte. Partimos de que la primavera ha llegado a Dorfli tras el largo invierno. Pedro retoma de nuevo su trabajo y reúne puntual a las cabras del pueblo. 


     Hemos de señalar, conectado con lo que viene a continuación, la maestría de los dibujantes japoneses de la Nipon Animation por plasmar los pueblos y escenarios alpinos, como podemos comprobar en Mutters, precioso pueblo de Austria que visité en 2014.



    En esos 32 segundos asistimos a un precioso espectáculo que nos muestra cómo poco a poco el pueblecito se va despertando y abre sus ojos (es decir, sus ventanas). 



    No es de extrañar que, entre los adultos españoles a los que Heidi conmovió allá por los años setenta, estuvieran aquellos que habían emigrado del campo a la ciudad y que se sentían identificados con las actividades rurales que aparecían en la serie. Aunque les separaran un siglo y bastantes kilómetros de los Alpes.





    Una mujer tiende, otra sacude una alfombra, otra pone un tiesto en su ventana. Los aldeanos se saludan y cada cual se pone a trabajar.





 Las abejas revolotean por las flores junto al riachuelo, proveniente del deshielo primaveral.




     Heidi y Pedro marchan a los prados y Pichí, el verderón que Heidi cuidó cuando era un polluelo, entre una multitud de pájaros, viene a saludarles al igual que las ardillas, las dormilonas (marmotas) y todos sus amigos del bosque y los prados. 




    De fondo suena una música folclórica suiza con acordeones, voces y todo. Y al final del camino la bandera metálica sobre el promontorio de piedra que indica la altura de la zona, que es otro de los emblemas de Heidi.


Heidi corre hacia ella y grita:
-¡La bandera! ¡Está aquí como el año pasado!
    Lo que para Pedro es algo normal, en lo que no repara porque forma parte de su entorno, su día a día, para Heidi es todo un espectáculo. La bandera está ahí como el año pasado, lo que significa que su microcosmos se renueva: después de la nieve, que ha paralizado el valle alpino y a sus gentes durante el invierno, llega la primavera con el buen tiempo y todo lo que trae consigo. El ciclo de la vida visto por los ojos de una niña, de todos los niños.
    Tras el drama de Francfort, el regreso de Heidi a los Alpes supone el reencuentro con todo ese microcosmos. El abuelo, que dentro de su carácter huraño ve recobrada la única alegría que le quedaba, ve el interés de Heidi por la lectura, la cual ha empezado a adquirir durante su estancia en Alemania. Y así, decide que deben bajar al pueblo para que la niña pueda ir a la escuela. Pero no puede alquilar la casa que pensaba porque no se ve capaz de vender el cabritillo nacido de su cabra Blanquita al ver cómo Heidi se ha encaprichado con él.


Ante ello, opta por arreglar una casa en ruinas, que será la residencia de invierno para él y Heidi.


Cuando Clara viaja a los Alpes es ella la que queda prendada de ese microcosmos.


    La transformación de Clara que los Alpes le ofrecen no solo sucede a nivel físico, sino también personal. En el capítulo en el que Clara le lee los salmos a la abuela de Pedro no podemos dejar pasar la revelación que hay en uno de ellos: “Dame serenidad para soportar los dolores y fuerzas para enfrentarme con la adversidad. Ilumina mi corazón cuando se apaguen mis ojos para que yo pueda dirigirme a la tierra prometida felizmente, Señor, como cuando voy a mi hogar”. Y el capítulo termina con esta frase de la narradora: “En cada criatura hay un caudal de felicidad para ofrecer a los demás”. Clara, que vivió siempre atendida por otros, sin apenas salir de su mansión de Francfort, se ve ahora útil.



    Con la visita de la abuela de Clara tiene lugar otra de las escenas que más me gustan de Heidi: la fiesta en el jardín de la casa de Dorfli.


    La estampa de los farolillos en los manzanos es como una noche de verano parada en el tiempo. Como si de algún modo fuesen todas nuestras noches de verano. Y si la abuela desafió ya la austeridad y la compostura decimonónicas de clase alta al celebrar la boda falsa en Francfort y sentarse en la hierba, para escándalo de la Rotenmeier, de nuevo lo hace al invitar a la fiesta a todos los niños del pueblo. Y con todos ellos, deseamos que esa noche de verano no termine nunca. Porque esa es la Heidi que queremos.