miércoles, 7 de enero de 2026

La luz todavía no se ha apagado en Hawkins

  Hace poco, nada más empezar el año, asistíamos al final de Stranger Things. Quizá, en el fondo, no sea más que una moda pasajera, como tantas otras. Pero, como ya comenté el año pasado (sí, ya estamos en otro año...), algo ha de tener esta serie para que haya llegado a tanta gente.


Recordemos lo que ya comenté en su momento: Stranger Things ha llegado a generaciones distintas con una ambientación en los años 80, guiños a películas de culto de aquella época como Los Goonies, E.T., Los cazafantasmas o La historia interminable. Una mezcla de motivaciones propias de Spielberg y de Stephen King, un juego constante con la mecánica cuántica. Todo ello es Stranger Things. Y, como ya señalé, un canto a la amistad, la aventura y las buenas intenciones. Y, sin duda, un toque mágico que ha hecho que toda esa mezcla haya llegado a personas tan distintas.


    Hay mucho de nostalgia, de comprender que crecemos. Está la redención, el valor, las ganas de superarse.  



    Y está, para mí, todo cuanto viví y logré en 2024. Está la ermita del Madroñal de Auñón. Está la Primera Guerra de Valdeluz y mi victoria allí. Y ahora, con mi regreso este curso, es inevitable no pensar en 2024 y todo cuanto vivimos. Sin duda. Y Stranger Things fue parte de todo aquello.

   



  
    Y, de nuevo, debo decir que algo hizo posible el Niño nacido para humana redención. Pues lo mismo que vi en Cabanillas y en el Brianda, lo mismo que me hizo ser otro Rodrigo Mendoza, pude verlo de nuevo en Valdeluz. Todo eso comprendí. 




    Y que la luz que brilla en Hawkins no se apaga, pues sigue brillando ante la adversidad. Pues aunque Stranger Things haya terminado, son muchas las cosas que ha marcado y que el tiempo hará que sigan presentes. Gracias por esta serie.






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