Tras finalizar su segundo trabajo, Heracles está listo para emprender el tercero. Copreo, el heraldo de Euristeo, le comunica de qué se trata: capturar viva a la cierva de Cerinea.
La encuentra, pero la cierva es muy veloz y huye.
Día y noche, Heracles persigue a la cierva de Cerinea.
Tras meses de persecución, el héroe consigue dispararle una flecha. El animal cae herido.
Entonces, aparecen Apolo y Artemisa.
-¡Detente, miserable mortal! ¿Cómo osas disparar a mi cierva sagrada?-grita Artemisa.
-Un momento... ¿No eres tú Heracles, el hijo de nuestro padre Zeus?-pregunta Apolo.
Heracles les explica su misión para Euristeo.
-¡Oh, gran Artemisa! Sé del castigo que sufrirá aquel que mate o derrame la sangre de tu cierva sagrada. Pero comprobarás que la flecha está entre el tendón y el hueso: ni una gota se ha derramado.-dice el héroe.
-¡Qué gran astucia, Heracles! Personémosle, hermana, pues no hay falta en su acción.
-Sea... Puedes llevar a mi cierva ante Euristeo.-accede Artemisa.
De esta forma, Heracles completa su tercera prueba.







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