El rey moro de Granada,
dentro de ella estando un día,
entraron tres lobos viejos
por esa puerta de Elvira.
El uno mató a los dos;
ferozmente los comía.
El rey Chico se los mira
con espanto y maravilla.
Mandó juntar los ancianos,
moros de su morería,
y desque los tuvo juntos
estas palabras decía.
-¿Quién de vosotros, mis moros,
es el que adivinaría
aquesto que aquí ha pasado?
Mis tesoros le daría.
Allí respondiera un moro,
que Alatar por nombre había:
-Yo te lo diré, señor,
si tú me otorgas la vida.
-Pues dilo, dilo, Alatar,
que otorgada te sería.
-Sábete que estos tres son
las tres naciones que había,
repartidas por el mundo
de gran lustre y señoría.
La una es secta de moros,
la otra, ley de judería,
y la otra de cristianos,
que a todas vencido había.
Y en los reinos de Aragón
un infante residía.
Don Fernando ha por nombre
y esta es su nombradía.
Y este se vendrá a casar
con la infanta de Castilla,
llamada Doña Isabel,
de muy gran sabiduría.
Y ella ganará estas tierras,
como ya ganado había,
y conquistará Granada,
parte de la Andalucía.













