viernes, 27 de marzo de 2026

Ante el Sanedrín

  Los guardias del Templo llevan al nazareno ante el Sanedrín. Los escribas y sacerdotes comienzan a acusarle ante el sumo sacerdote Caifás.


    Caifás manda guardar silencio y comienza a interrogar al nazareno:
-Rabí, son muchas las acusaciones que nos han llegado contra ti. Se dice que predicas variantes de nuestra doctrina, que no guardas el Sabath; se habla de hechicerías, de blasfemia... Entraste en Jerusalén aclamado como mesías y provocaste disturbios en el Templo. Dinos, ¿qué puedes responder ante esto?


    El nazareno ha permanecido en silencio, pero ahora mira al sumo sacerdote y dice:
-Durante todo este tiempo he hablado en la sinagoga, en el Templo. A la vista de todos. Pregunta a aquellos que me han oído: ellos saben lo que he dicho.


Los sacerdotes murmuran. Uno de ellos toma la palabra y señala al nazareno:
-Caifás, yo oí predicar a este galileo y dijo que destruiría el Templo y lo reconstruiría en tres días.
Otros cuentan otros testimonios, pero surge la confusión.



Caifás ordena silencio:
-De todas las acusaciones contra ti, la más grave es la blasfemia. 


Se dice que te has hecho llamar "Hijo de Dios". Responde: ¿eres tú el Mesías? ¿Eres tú el Hijo de Dios?


Todos miran al nazareno y este responde:
-Yo soy.
Los escribas y sacerdotes se horrorizan y se ocultan el rostro. El nazareno prosigue:
-Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder de Dios y viniendo entre las nubes.


    Estallan en gritos: ¡Blasfemia! Caifás se rasga las vestiduras. Se levanta y señala al nazareno:
-¡No hay necesidad de más testigos! Ya hemos oído la blasfemia.
-¡Blasfemo! ¡Que muera! ¡Muerte!-gritan los escribas y ancianos.
-Sabéis que no tenemos la potestad de condenar a muerte. Llevadlo ante el prefecto, a la fortaleza Antonia. Él lo juzgará.




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