Los días pasan en la isla de Lemnos. Y los días se convierten en meses. Un día, Orfeo y Atalanta exhortan a los Argonautas:
-¡Valientes Argonautas! ¿Es que habéis olvidado vuestra noble misión? El vellocino de oro aguarda en la Cólquide para ser hallado. Volvamos al Argo y cumplamos con lo que se espera de nosotros.
Los Argonautas ceden y, con pesar, dejan a las lemnias y embarcan en el Argo.
Días después, el agua escasea a bordo. Divisan la tierra de Misia: allí desembarcarán para reponer el agua.
El joven Hilas es enviado a por agua. Mientras pasea buscando una fuente, escucha una dulce melodía.
No solo es dulce, sino también hechizante. Y esa melodía le guía hasta un manantial. Allí encuentra a unas bellísimas jóvenes que le reciben alegres: son las ninfas.
Hilas se siente hipnotizado por ellas. Y olvida para qué ha desembarcado. Olvida su misión en el Argo y todo...
Ante la tardanza de Hilas, Heracles parte en su busca. Pero no encuentra al joven por ninguna parte.
Heracles tarda tanto a su vez que los Argonautas se preguntan qué hacer. Argos propone:
-Partamos. Heracles es hijo de Zeus: su padre velará por él. Todavía hemos de enfrentarnos a varios peligros hasta llegar a la Cólquide.
Y el Argo parte sin Hilas ni el semidiós.







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