miércoles, 8 de abril de 2026

Las ciudades imposibles de Basoli

  En los años noventa existió una revista de arte llamada FMR. No sé si seguirá existiendo. Era una revista cara, elegante, con una gran calidad de fotografías y articulistas, que no iba a los típicos autores y obras de la historia del arte, sino a lugares rebuscados y artistas desconocidos. Cuando de pequeño miraba los ejemplares que había en casa, había un reportaje que me llamaba poderosamente la atención y que se titulaba: Las ciudades imposibles. Se trataba de un recorrido por la obra de un pintor italiano olvidado: Antonio Basoli.


    En Google hay muy pocas obras mostradas de este artista que vivió en Italia entre los siglos XVIII y XIX. Por eso, la mayoría de las imágenes que muestro en este post son de aquel número (el 28, concretamente) de FMR. Sirva como homenaje a Basoli y a aquel artículo. Obsesionado con la Antigüedad clásica, Basoli destacó sobre todo como profesor de academia y decorador para óperas. Estuvo influido especialmente por Giovanni Battista Piranesi, artista que destacó no solo por sus dibujos de ruinas romanas, sino por sus famosas cárceles "d'invenzione" (imaginarias):


    Basoli no ha tenido la suerte de ser tan recordado como su admirado maestro, pero llevó ese interés por crear arquitecturas imaginarias de manera fascinante. Todo ello fruto de la unión entre su gran conocimiento sobre el mundo antiguo y su gran imaginación. Si ya Claude Lorraine había mostrado unas vistas imaginarias de la Antigüedad clásica, Basoli le supera claramente en imaginación.
    Una de las obras que más me sorprendían es Gran emisario en un jardín. En ella, Basoli nos muestra una colosal construcción romana (si nos fijamos en las diferencias con las personas pintadas) que acoge una piscina enorme. El agua de esta es suministrada por las cascadas que llegan de manera soterrada. Algunas bañistas juegan en la orilla, mientras patricios romanos pasean por las escaleras del fondo, en el cual se divisa el jardín que da nombre a la obra, pero no sé dónde se habrá metido el gran emisario...


    La obra da una sensación de inmensidad desbordante. Y las entradas de agua siempre me han recordado a las cloacas de La sorpresa del césar:


    Sin alejarnos de Roma, observemos este Antiguo puerto romano sobre el Tíber, en el que no faltan la Loba Capitolina, todo tipo de barcos y acumulaciones de edificios:


    Basoli realizó también una serie de obras al óleo y tinta sobre cartón dedicadas a los colosos de la Antigüedad, como el de Rodas


o los de Memnón en Egipto.


Pero mi favorito siempre será el de Domiciano, en Roma:


 La enorme estatua ecuestre del emperador, el último de la dinastía Flavia, ya no existe, pero se levantaba en el Foro y medía ocho metros de altura (trece incluyendo el basamento). Conmemoraba la victoria de Domiciano sobre los germanos. Gracias a las monedas de la época, sabemos que la estatua de Domiciano tenía una pata alzada y bajo ella se representaba un enemigo derrotado, que simbolizaba, a su vez, al río Rin. De la obra de Basoli no solamente me llamaba la atención el coloso, sino también el estanque con su isla en el centro y sobre ella otra estatua ecuestre más pequeña.
    Pero mi serie favorita de Basoli era la dedicada a "Las cuatro partes del mundo". Aquí tenemos África, representada, claro está, por Egipto, con templos y pirámides inmensos en los que perdernos:
    

    América, que viene a ser una visión muy libre de la civilización azteca y de otras culturas mesoamericanas:


Europa, representada, claro está, por Roma:


    Y mi favorita, Asia, que nos presenta una grandiosa ciudad de la India, que abarca hasta donde alcanza la vista:


    Mirar esta ciudad hindú es imaginar historias de aventuras, no en la Antigüedad, sino en la época colonial victoriana, con rajás, princesas, fakires y fanáticos de la secta de Kali.
    La genialidad de Basoli es la de un creador de mundos a partir de cosas existentes. Un mago de la imaginación. Como dice Alessandra Borgogelli, autora del artículo, "Mas no se trata de proyectar ciudades ideales, vinculadas siempre a un concepto de buenas funciones y verosimilitud, capaces de complacer a cualquier clientela. No, aquí el desafío es más extremado: se trata de meros hechos fantásticos, de soluciones a menudo imposibles. Basoli proyecta el pasado hacia el futuro por un puro ejercicio que pretende desafiar al sentido común".


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