Una vez reunida a la tripulación, el Argo zarpa hacia el este.
Jasón confía en los Argonautas y en conseguir el vellocino de oro, que le otorgará el trono de Yolco.
Desde el monte Olimpo, los dioses contemplan el viaje del Argo.
-Veo que tu protegido Jasón ha iniciado su viaje hacia la Cólquide. Me pregunto qué peligros le esperan...-dice Zeus.
-¡Oh, Zeus, querido esposo! Sé que Jasón cumplirá con su misión. Pude comprobar su gran corazón y su valor.-dice Hera.
-Os recuerdo que los mares son mis dominios ¡Yo decidiré si su viaje marchará bien o mal!-indica Poseidón.
-Hera está en lo cierto, padre: Jasón es un hombre de honor. Sé que luchará hasta el final.-interviene Atenea.
-¡Os equivocáis todos!-Afrodita hace su aparición.
-¿Qué dices, Afrodita?-pregunta Hera.
La diosa del amor sonríe y dice:
-Sí, los mares podrán ser tus dominios, Poseidón. Y es cierto que Jasón es noble y valeroso, Atenea. Pero mucho me temo que el dominio de su corazón y el de los Argonautas es mío...
-¿Por qué dices eso, Afrodita?-pregunta Zeus.
-Porque la nave se dirige a la isla de Lemnos. Está habitada solo por mujeres. Dieron muerte a sus maridos porque estos habían preferido a las mujeres de Tracia. Y todo porque yo las maldije con un olor nauseabundo por no querer darme culto. Veremos que hacen los valientes Argonautas en la isla...
En efecto, los navegantes divisan la costa de la isla de Lemnos.
Y a numerosas mujeres que les saludan. La invitación a quedarse es obedecida de inmediato por los Argonautas.
Jasón y sus hombres se rinden al placer y al desenfreno con las lemnias. Se ve que la maldición de Afrodita terminó ya sobre estas mujeres.
El propio Jasón cae prendado de la reina Hipsípila.












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