Jasón y los Argonautas han atravesado el Ponto Euxino, tras varias semanas de navegación, y han llegado al fin a la Cólquide.
Desde el Olimpo, los dioses observan el desembarco:
-¿Y bien, Poseidón? Mi protegido Jasón ha logrado atravesar tus dominios sin que nada le haya sucedido. Incluso ha logrado atravesar las Rocas Simplégades.-dice Hera.
-¡Bah! Ha tenido suerte, eso es todo...
-Y tú, Afrodita, tan segura parecías de dominar la situación en la isla de Lemnos, pero no has logrado ganar...-dice Atenea.
-No estés tan segura, Atenea. Todavía hay una última carta que jugar en la Cólquide...-sonríe Afrodita.
-¿Qué quieres decir, Afrodita?-pregunta Zeus.
-Jasón se dirige a Ea, la ciudad del rey Eetes. Allí conocerá a Medea, la hija del rey. Y ambos se enamorarán. Como veis, siempre gano...
En efecto, Jasón se presenta ante el rey Eetes y reclama el vellocino de oro.
Los ojos del héroe griego miran más allá, a la hermosa joven que está en la sala: Medea, la hija del rey, conocedora de la hechicería. Y Medea cae enamorada al instante de Jasón.
Eetes le dice a Jasón que para llegar hasta donde se encuentra el vellocino deberá uncir a dos toros con pezuñas de bronce que expulsan fuego.
Jasón se queda desanimado, pues nuevos peligros se le presentan tan cerca de la meta. Medea se acerca a él:
-Yo te diré cómo salvar ese peligro, Jasón. Te acompañaré hasta los toros.









No hay comentarios:
Publicar un comentario