sábado, 16 de mayo de 2026

Diaconisas en el cristianismo

  En 2016 se planteó la siguiente cuestión acerca de ciertas pinturas al fresco en las catacumbas de Domitila y en las de Priscila en Roma: ¿representan diaconisas del cristianismo primitivo?






      El caso es que sí: sí existieron diaconisas en los primeros tiempos del cristianismo. Está probado el papel activo de las mujeres en aquella etapa, especialmente por la importancia de las mujeres en el grupo de Jesús. Recordemos que, aunque ninguna formó parte de los doce apóstoles, a diferencia de estos (exceptuando a Juan), sí estuvieron hasta el final a su lado.


    Si en los evangelios canónicos se destaca este papel, mayor es en los gnósticos, donde ciertas mujeres, como María Magdalena, son depositarias de doctrinas secretas. Así se desprende del evangelio de Felipe:

Los demás discípulos le dijeron: "¿Por qué la amas más que a todos nosotros?"

O del evangelio de María:

¿Acaso Él habló con una mujer sin que lo supiéramos, y no abiertamente, de forma que todos nosotros hayamos de volvernos y escucharla?



    Ese apego tuvo que marcar el recorrido, evolución y expansión del grupo tras la muerte de Jesús. La prueba es que el papel de las mujeres en aquellas primeras comunidades cristianas es bastante destacado:

1. Podían dirigir la oración en público.
2. Llevaban el dinero de la comunidad.
3. Algunas dominaban incluso el don de la profecía.

     Recordemos que, en su carta a los Romanos, San Pablo nombra a una mujer de Roma llamada María, de la que destaca su papel "al servicio del evangelio". Además, en esa misma epístola, el apóstol de los gentiles nombra a una mujer fiel llamada Febe de Céncreas, una comunidad cercana a Corinto:

    Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Céncreas. Os pido que la recibáis dignamente en el Señor, como conviene hacerlo entre hermanos en la fe; ofrecedle toda la ayuda que necesite, porque ella ha ayudado a muchas personas, entre las que me cuento yo.



     Esta es la prueba definitiva, la cual demuestra la confianza depositada en las mujeres hasta el punto de recibir este cargo. 
    En I Timoteo, San Pablo explica el asunto de las viudas:

    Honra a las viudas que en verdad lo son. 4 Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios. 5 Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. 6 Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. 7 Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles; 8 porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.

    Sin dejar la visión de San Pablo sobre las mujeres, no debemos olvidar este pasaje ambiguo de la Primera carta a los Corintios:

¿Acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una esposa creyente, así como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y Cefas?

 ¿Está alabando San Pablo el matrimonio o incluso insinuando su relación con esta institución, así como indicando que también los apóstoles estaban casados? "Cefas" es el apelativo de San Pedro ("piedra" en arameo), del que sabemos con seguridad que sí estaba casado, pues los evangelios sinópticos dicen que Jesús curó a su suegra. De ser así, este pasaje contradeciría a otro de la misma epístola en el que San Pablo alaba el celibato.

    El caso es que las diaconisas estuvieron presentes en los primeros siglos del cristianismo. Se habla incluso de las Siete Diaconisas Mártires de Persia, que fueron martirizadas en este reino por Shapor II en el siglo IV. 


    Los historiadores señalan que, a pesar de ello, estas "ministras" (recordemos la carta de Plinio el Joven a Trajano) nunca fueron equivalentes a los sacerdotes (obviamente, son cargos distintos) y nunca fueron ordenadas como estos, sino "bendecidas". Además, destacan más la presencia de las diaconisas en las comunidades orientales que en las occidentales. Sus funciones eran:

1. Recibir a los fieles en la iglesia.
2. Desvestir a las mujeres para el bautismo: en aquellos tiempos era por inmersión y solamente a adultos.
3. Preparar el pan y el vino para la eucaristía.
4. Cuidar y visitar a los enfermos.




     Pero con el ascenso de la Iglesia como entidad política tras el edicto de Tesalónica (380), por el cual el cristianismo se convertía en única religión oficial del imperio romano, con Teodosio, las comunidades cristianas se unifican y se "romanizan". Y con ello, el papel de las mujeres fue decayendo. En el concilio de Nimes (396) se indica:

    Igualmente, ha sido reportado por algunos que, contrario a la disciplina apostólica -y en efecto algo que nunca habíamos oído hasta hoy- se ha observado, aunque no se sabe exactamente dónde, que algunas mujeres se han elevado al ministerio de los diáconos. La disciplina eclesiástica no permite esto, por lo que es impropio; dicha ordenación debe anularse, desde que es irregular; y es requerida vigilancia en el futuro para que nadie actúe en esta manera temeraria otra vez”.


    Lo mismo sucede en el concilio de Orange (441):

De ninguna manera deben ser ordenadas diaconisas. Si hubiera alguna, deben inclinar la cabeza bajo la bendición que es dada a todo el pueblo”.

    El papel de las diaconisas continuó desapareciendo hasta extinguirse definitivamente en el siglo IX. En la segunda mitad del siglo XX, las reformas del Concilio Vaticano II dieron pie a especular sobre una posible puerta abierta a la ordenación de mujeres. Juan Pablo II dejó clara la oposición oficial a esta cuestión en el documento Ordinatio Sacerdotalis. Pero el papa Francisco abrió de nuevo la puerta en 2016 para un "estudio de la cuestión" del nombramiento de diaconisas.


    Aunque finalmente la puerta quedó cerrada, Francisco sí nombró a mujeres en cargos importantes, como el dicasterio de los obispos o la presidencia de la gobernación del Vaticano ¿Volverán las mujeres a tener un papel destacado en el futuro?

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