Hace unos días asistíamos a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 en Milán. Allí, en el estadio de San Siro, se encendía la llama olímpica y se ofrecía un espectáculo inaugural que suponía una ruptura. Ruptura con la basura woke que mostró París en 2024 con la inauguración de los Juegos Olímpicos. Ruptura con la basura que poco después se mostraba en la inauguración de la Super Bowl con Bad Bunny incluido. Es decir, frente a la decadencia del mundo occidental, Italia apostó por recuperar la grandeza, el arte y el buen gusto de este. Se homenajeó a la ópera y a sus grandes compositores. En este homenaje destacó Andrea Bocelli con el Nessun dorma de Turandot de Puccini.
Impresionante fue el himno nacional italiano cantado por Laura Pausini, rodeada de modelos vestidas con los colores de la bandera.
Referencias a los Alpes, al arte, a la cultura italiana en general, que nos mostraron la firmeza de un país por no abandonar sus valores, su cultura, frente a la locura globalizadora woke.
Y así, miro nuevamente al país transalpino, como cuando recordé a Cristina D'Avena, para ver nuestra similitud y el deseo de forjar una unidad entre ambos países, frente a la locura buenista, giliprogre y la autocomplacencia polarizada que está viviendo España.
Italia nos está dando una lección ¡Viva Italia!

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