Tal como le dijo el rey Eetes, Jasón debe amansar y uncir un yugo a los toros de bronce, antes de ir a por el vellocino de oro. Además, deberá sembrar en los surcos que haga con los toros los dientes del dragón al que Cadmo dio muerte.
Jasón y sus compañeros ven a uno de los terribles toros.
-Ojalá Heracles estuviera aquí...-dice Jasón, recordando lo bien que les vendría tener en ese momento la fuerza del semidiós.
Medea, que prometió ayudarle, le da a Jasón un aceite mágico que le defenderá de la fiereza de los toros.
Armados de valor, los Argonautas salen a campo abierto. Atalanta se lanza a correr, atrayendo la atención del toro.
A pesar de su fuerza, el toro no puede alcanzar a la veloz joven.
Tras varios recortes, Orfeo interviene amansando con su música al toro.
Así, Jasón puede al fin uncir al toro.
Amansados ya los toros, aran con ellos el campo y Medea entrega a Jasón los dientes del dragón.
Nada más lanzar los dientes a los surcos, comienzan a surgir hombres armados de ellos.
Jasón está asombrado. Los Argonautas no saben qué hacer. Pero Medea les dice:
-Lanzad una roca y lucharán entre ellos.
Así lo hacen.
Y sucede tal como ha dicho Medea.
Ahora pueden ya ir a donde está el vellocino de oro.












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