Heracles, tras entregar al toro de Creta, parte a Tracia para cumplir su octavo trabajo: buscar las yeguas del rey Diomedes. Estas se dedican a comer carne humana.
Pero Diomedes no va a permitir que Heracles se lleve a sus preciadas yeguas. Así que con sus soldados se enfrenta al héroe.
Tras luchar, Heracles les da muerte.
Así, el semidiós regresa a Tirinto llevando consigo a las yeguas de Diomedes.




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