viernes, 19 de junio de 2026

El cómic del oeste (II)

  Cuando Blueberry se publicó se convirtió enseguida en una de las series más populares de cómic de la revista francesa Pilote (donde surgió en 1963) y de Europa. Goscinny, redactor jefe de esta revista, señaló: "Después de Blueberry es imposible hacer western". Ese fue el pistoletazo de salida para que los belgas Greg (pseudónimo de Michel Regnier) y Hermann se decidieran a crear una serie de western para la revista Tintín, la rival de Pilote en el mercado franco-belga: Comanche.


    El primer álbum de la serie apareció en 1969 y llevaba por título Red Dust. Comanche, la que da título a la saga, es la dueña de un rancho llamado 666 (sin connotaciones satánicas) junto a un pueblo de Wyoming llamado Greenstone Falls. De esta forma, Greg y Hermann se alejaron de Blueberry: nunca aparecerán ni los desiertos del suroeste ni la frontera mexicana. La llegada de un misterioso forastero llamado Red Dust, que defenderá a Comanche de los extorsionadores que quieren echarles para construir el ferrocarril, levantará el arruinado rancho y marcará una nueva etapa para el pueblo.


 
    La evolución de Comanche, tanto en guion como en dibujo, es similar a la de Blueberry. Las primeras historias beben del western clásico de Ford hasta que llegamos a El cielo rojo sobre Laramie. En esta historia dura y emocionante, los autores introducen las fórmulas presentadas por Leone y Peckinpah, tanto en el guion como en los planos.


    Hermann asegura que Comanche le sirvió como escuela de cómic, en la que aprendió todos los mecanismos y recursos del noveno arte, los cuales utilizó para sus series futuras, como Las torres de Bois-Maury. Y los aprendió con creces, pues si nos fijamos en muchas viñetas resulta difícil igualar esas composiciones.


    Curiosamente, mis álbumes favoritos de Comanche son aquellos en los que Red Dust, verdadero protagonista de la serie, actúa lejos de Greenstone Falls: el ya mencionado El cielo rojo sobre Laramie y El dedo del diablo.
    El cansancio de Hermann y sus inquietudes por explorar nuevos escenarios le llevaron a abandonar Comanche y a crear sus propias series.
    En 1972, también en la revista Tintín, mientras se publicaba Comanche, llegó una nueva serie western: Buddy Longway.


    Guion y dibujos corrían a cargo de Derib (pseudónimo de Claude de Ribaupierre), un dibujante suizo que se había formado con Peyo, el creador de Los pitufos. Derib había estado enamorado desde muy pequeño del western y de los caballos. Veía en sus Alpes las Rocosas e imaginó historias desde su infancia. Ya en 1969 había creado un western infantil: Yakari. Su protagonista, del mismo nombre, era un niño indio que podía hablar con los animales.


    Tanto Yakari como la primera aventura de Buddy Longway fueron hechas bajo la influencia de Peyo. Pero enseguida se alejó para mostrar una historia personal y sólida, que se convirtió en una de las más entrañables de la historia del cómic.
    Buddy Longway es un trampero que vive en las Montañas Rocosas en un período temprano del oeste americano, antes de la Guerra de Secesión. Vive en una cabaña en compañía de su esposa Chinook, una india sioux, y sus hijos Jeremy y Kathleen. Sus aventuras giran en torno a las presas que caza, bandidos, indios rebeldes, forasteros inquietantes...


    La saga muestra un alejamiento claro de las anteriores series de western. La aventura está servida, pero también las escenas sentimentales, la idea de la familia y la naturaleza en sí. En realidad, Buddy Longway es un canto de amor a la naturaleza. Bebe del fin de la guerra de Vietnam, el ecologismo y las inquietudes de aquellos años setenta. Al mismo tiempo, Derib plasma su amor por el western, los indios, los caballos y películas como Las aventuras de Jeremiah Johnson, película que le marcó significativamente.



    En Buddy Longway Derib dio también todo lo mejor como dibujante, plasmando los escenarios, los detalles, etc.


    En 1980 llegó la última gran serie de western: Durango




    Inspirada completamente en el spaghetti western (realmente es un spaghetti western traducido al cómic) y creada por el belga Yves Swolfs, es, sin duda, la apuesta más violenta y atrevida del cómic del oeste. Su protagonista, Durango, es un hábil pistolero a sueldo, que se enfrentará a caciques, imperios del ferrocarril y demás enemigos. A partir de su primera aventura, Los perros mueren en invierno, inspirada en El gran Silencio, será zurdo.




    Durango es un western duro. A diferencia de las series anteriores, se aleja de momentos de humor que aportaban los personajes secundarios. En Durango, simplemente no existen. Como los personajes interpretados por Clint Eastwood y Franco Nero en el spaghetti, Durango apenas habla y apenas tiene momentos para el amor. Pero mantiene la nobleza y la integridad de los otros pistoleros del noveno arte. Desde el tercer álbum, Trampa para un pistolero, su arma será una Mauser, la primera pistola automática del western.


    Con Durango, Swolfs llega al culmen del western, explorando todas las fórmulas y dejando una saga a la altura de sus predecesoras.



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