Heracles creía que tras conseguir a los bueyes de Gerión se acabarían las pruebas. Pero Euristeo le anuncia, a través de Copreo, dos trabajos más.
-¡¿Qué?! ¡Esto no es lo que acordé con Euristeo!
-El rey dice que en dos de tus trabajos recibiste ayuda: mataste a la hidra de Lerna con la ayuda de tu sobrino. Y los que limpiaron los establos de Augías fueron los ríos, no tú. Por eso, el rey te reclama dos trabajos más.-dice Copreo.
-¿Y en qué consisten esos trabajos?
-El primero de ellos será traer las manzanas doradas del jardín de las Hespérides.
-¡¿Qué?! ¡Esto no es lo que acordé con Euristeo!
-El rey dice que en dos de tus trabajos recibiste ayuda: mataste a la hidra de Lerna con la ayuda de tu sobrino. Y los que limpiaron los establos de Augías fueron los ríos, no tú. Por eso, el rey te reclama dos trabajos más.-dice Copreo.
-¿Y en qué consisten esos trabajos?
-El primero de ellos será traer las manzanas doradas del jardín de las Hespérides.
-¿Dónde está ese jardín?
-Nadie lo sabe. Ningún mortal lo ha visto. Tendrás que preguntarle a Nereo, el anciano del mar.
Nereo es un ser viejo como el mundo. Padre de las nereidas y suegro de Poseidón, está siempre en el mar. Así que Heracles decide atraparlo con una red.
Y consigue capturar al anciano del mar. Nereo aparece cubierto de algas.
-¡Suéltame!-grita el anciano del mar.
-No hasta que me digas cómo llegar hasta el jardín de las Hespérides.
-Está más allá del mundo conocido. Más al oeste de las columnas a las que pusiste tu nombre. Es un jardín maravilloso, en el que nunca ha entrado ningún mortal.-dice Nereo.
-Allí está Atlas, el titán condenado por tu padre a sostener el cielo eternamente. Y el jardín es guardado por sus hijas, las Hespérides: Héspere, Egle y Eritea. El árbol de las manzanas está vigilado por una terrible serpiente llamada Ladón. Mátala, pero no cojas tú las manzanas: pide a Atlas que lo haga él.-continúa el anciano.
Heracles suelta a Nereo y marcha hacia Poniente. Al fin, llega al jardín de las Hespérides.
Tras matar a Ladón, Heracles interroga a Atlas:
-¿Podrías coger las manzanas por mí?
-Lo haría encantado, pero debo sostener la bóveda celeste por toda la eternidad.-responde el titán.
-Tranquilo, yo tomaré tu puesto mientras las recoges.
Y así, aliviado tras siglos de tormento, Atlas deja su pesada labor a Heracles y coge las preciadas manzanas.
Al terminar, Atlas le dice a Heracles:
-Aquí tienes las manzanas. Pero ¿por qué no voy yo mismo a entregárselas por ti a Euristeo? Te ahorrarías ese trabajo.
Pero Heracles ya ha sido avisado por Nereo de esto y responde:
-De acuerdo. Pero antes, ven a sostener un momento el cielo mientras me abrocho una sandalia.
El titán accede y Heracles simula abrocharse una de sus sandalias...
... y aprovecha para huir con las manzanas. Ha completado su undécimo trabajo con astucia. Ahora ¿cuál será su última prueba?











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