El género del western se divide en tres subgéneros: clásico, spaghetti y crepuscular. Este último es el más complejo, pero también muy interesante por las posibilidades que supone. El western crepuscular se define como una revisión del propio western. Es decir, no todos los personajes son héroes, al estilo clásico u homérico, ni al estilo radical e invencible del spaghetti. Hay perdedores, hay derrotas. Se trastoca, en algunos casos, la imagen del blanco civilizado y del indio salvaje, o los buenos y los malos en la guerra de secesión. Se presta atención a personajes poco tratados por los otros dos subgéneros, como las mujeres, los tramperos o los jugadores de cartas.
Los expertos coinciden en que la primera película de western crepuscular es El hombre que mató a Liberty Valance (John Ford, 1962).
No solo aparece por primera vez un antihéroe en el western, encarnado en el personaje de Ransom Stoddard, interpretado por James Stewart, sino que revisa el propio western en sí al plantear: ¿Puede alguien ser aclamado y llegar incluso a senador por haber matado a un forajido? ¿Es realmente Stoddard quien mató a Liberty Valance? Da la impresión de que los grandes héroes quedaran atrás y que el western comenzase a morir. Al menos, el que se había conocido hasta entonces.
Ford nunca aceptó esa etiqueta para su película, aunque está claro que El hombre que mató a Liberty Valance supone un corte respecto a sus anteriores films.
El verdadero impacto que haría disparar el western crepuscular fue Soldado Azul (Ralph Nelson, 1970). Por primera vez, los indios aparecían como víctimas de la caballería americana en la matanza de Sand Creek, de la que ya hablamos aquí.
Soldado Azul estaba influida por las ideas de los movimientos sociales y la cultura popular de finales de los 60 y principios de los 70, incluidos los hippies, la oposición a la guerra de Vietnam, etc. Dichos movimientos comenzaron a ver en los indios un referente de poblaciones y etnias oprimidas por el "imperialismo". Lástima que esa mirada derivase en la locura woke décadas después...
Un año antes de Soldado Azul, Sam Peckinpah había impresionado ya al público con Grupo salvaje.
Aunque la idea de los forajidos que colaboran con los revolucionarios mexicanos al sur de la frontera ya había sido tocado por el spaghetti, como en Yo soy la revolución (Damiano Damiani, 1967), Peckinpah presentó claramente el argumento como la muerte del propio western. La aparición de automóviles y ametralladoras son lo más representativo de esa imagen.
Peckinpah volvió a tratar esta imagen en La balada de Cable Hogue (1970). El protagonista, un antihéroe de nuevo, encuentra un pozo en el desierto e instala una posta para las diligencias, con la que va prosperando.
Cable envejece, ve pasar los años, aparecer los automóviles y, con ellos, desaparecer el western.
También George Hill revisó el western con una obra que sería esencial para el subgénero crepuscular y para el cine en general: Dos hombres y un destino (1969).
El tratamiento de Butch Cassidy y Sundance Kid, forajidos de leyenda, acompañado de la música de Burt Bacharach (Raindrops Keep Fallin' on My Head) marcaron una época.
El revisionismo crítico, social, y a veces fatalista, que dominó buena parte de los años 70 hace que no resulte extraño que el western crepuscular proliferase en esa década. Siguiendo la estela de Soldado Azul, Un hombre llamado caballo venía también a revisar el western. La historia de un aristócrata inglés (Richard Harris) que es capturado por los indios, incluida la famosa escena de la danza del sol, vino a acercar a los pieles rojas a los fans del western con otros ojos. El interés por las tribus norteamericanas se disparó.
Un año después, Harris protagonizó El hombre de una tierra salvaje (Richard C. Sarafian, 1971). En ella, un trampero de una compañía de pieles en Missouri dirigida por el capitán Henry (John Huston) que es abandonado por sus compañeros tras ser atacado por un oso.
El trampero deberá sobrevivir en un mundo hostil. La naturaleza como un personaje más, así como el papel de los indios como "observadores", supusieron una innovación en esta película rodada en el noroeste de la provincia de Soria.
En 1972, Sydney Pollack presentaba la historia de otro trampero: Las aventuras de Jeremiah Johnson.
De nuevo, la naturaleza juega el papel primordial, en la línea de la conexión con esta. Recordemos que esta película fue la inspiración para Buddy Longway, otro ejemplo de western crepuscular.
La puerta abierta por estas tres películas dio lugar a otros films, con mejor o peor acogida, como Eagle's Wing (Anthony Harvey, 1979), El valle de la furia o Tierra Sagrada (Charles B. Pierce, 1983)
En los 90, el regreso del western trajo también una mezcla de los tres subgéneros. Y todas aquellas películas partieron, como ya indicamos, de Bailando con lobos.
Con menos presupuesto que el film de Costner, Esta es nuestra tierra, miniserie de 1991, presentaba por primera vez a Custer como un loco sanguinario y a Caballo Loco como el mártir de la causa india.
Tras la "restauración" del western en los 90, el subgénero crepuscular ha resurgido en varias ocasiones, como en Desapariciones (Ron Howard, 2003),
Hostiles (Scott Cooper, 2017),
o en Noticias del gran mundo (Paul Greengrass, 2020).
De una manera o de otra, el western crepuscular aportó y aporta elementos muy a tener en cuenta en este género que tanto amamos.















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