¿Qué puedo decir que no haya dicho ya de aquellos tiempos felices, en los que quedaba esperanza, de esas tardes, esas carreteras de Lubia, esa entrañable espera? Realmente, es inabarcable hablar de todo ello, porque ¿cómo abarcar todas las sensaciones, impresiones, recuerdos de un niño? Y no solo eso. Hay muchas imágenes y escenas que relaciono con todo ello, aun no habiéndolas visto ni vivido, como Nina y su Nacida para amar.
O Pernilla Wahlgren con su C'est demon, en el que unos dibujos animados se colaban y yo los relaciono directamente con la Navidad. Cuando la noche ha caído ya sobre el barrio de San Pedro, en la vieja ciudad del Duero.
Y así, mientras el frío quedaba fuera, dentro de las casas, en familia, con esa luz que indicaba nuestra ilusión, de manera que inconscientemente recreábamos esos momentos navideños imperecederos de estampa
o de Fanny y Alexander.
Cuando comencé a rescatar y poner sobre la mesa estos momentos el año pasado un enorme reto se venía sobre mí. Los retos persisten y, precisamente por ello, me hacen volver la vista atrás, a aquellos años sin preocupaciones. Para así poder mirar al frente y poder decir que todo aquello pervive, como una motivación. Porque eso es lo que es.
La entrañable espera parte ya de septiembre, con la canción de Calendar Girl que me animó el primer mes en Valdeluz, antes de darme cuenta de que sí me gustaba ser tutor de mi 2ºA, antes del milagro del 16 de octubre de 2023 cuando dejé de serlo por unos segundos, pero volví junto a vosotros. Pues todo estaba escrito.
El caso es que Calendar Girl me habla de esa entrañable espera (vamos, que ese calendario de la canción se reduce a cuatro meses). Y esa entrañable espera trae las hojas cayendo en el otoño, esos puentes del Pilar y de Todos los Santos, de las canciones de Enya, especialmente Afer Ventus, Book of Days y Evening Falls;
No solo son voces etéreas que transmiten esa espiritualidad tan perdida hoy (la propia Enya se define como tremendamente espiritual), sino que transmiten esa idea de eternidad. Sensaciones que están unidas al otoño y a las imágenes imperecederas de este, como el monasterio en ruinas de Bonaval.
Y así, cuando llega el otoño, en medio de tantos retos, sigo mirando a mi rincón de luz, en ese largo paréntesis entre el verano y la Navidad, a la entrañable espera de esta, con tantos recuerdos.







No hay comentarios:
Publicar un comentario