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lunes, 25 de septiembre de 2023

Exposición Playmobil Golmayo 2023

 Parece que fue ayer cuando mostrábamos aquí la exposición del oeste de Golmayo el año pasado. Este año, coincidiendo con la Golmayo West, nuestro colega David Ormazábal nos trae de vuelta el salvaje oeste con una nueva exposición dedicada a las guerras indias. En este caso, la matanza de Fetterman (1866).


El pueblo de Golmayo se volcó con el festival, incluido su alcalde:





Antes de dirigirme a la exposición, que este año se encuentra en el Centro Comercial Camaretas (muy cerca de Soria, pero en el término de Golmayo), fui a ver los expositores de la Golmayo West. Por razones meteorológicas no pudieron exponerse al aire libre. Aquí podéis ver una muestra de armas, tocados, pieles y enseres de la tribu sioux lakota, ofrecidos por una sociedad de reconstrucción histórica de Almería:


Todo un regalo a la vista para un admirador de las tribus norteamericanas como yo desde muy pequeño:






A un lado, la recreación del duelo final de El bueno, el feo y el malo:


Después fui a ver la recreación de un campamento de colonos, este, sí, al aire libre:


Estuve charlando con la dueña, la escocesa Mary J McDonald:


La tienda estaba recreada con todo detalle:






En el centro comercial me encontré con David, que iba ataviado con un sombrero de vaquero y un revólver. Con su entusiasmo de siempre me explicó las partes del diorama y los sucesos acontecidos en este episodio histórico:


Aunque no tuvo tanta trascendencia como la batalla de Little Big Horn, Fetterman fue una batalla ganada por los indios, en el contexto de la guerra de Nube Roja, viejo amigo de este blog.



 Todo comenzó cuando se encontró oro en Montana. Así, se trazó la ruta Bozeman, recorrida por colonos atraídos por el preciado metal. Pero esta ruta atravesaba el territorio indio y causaba bajas en la codiciada caza: los bisontes. Las tribus pactaron con el gobierno en 1866 en Fort Laramie un acuerdo: los indios no atacarían a los colonos y estos no explotarían sus recursos. Pero el gobierno incumplió el acuerdo...
   Nuebe Roja, jefe de guerra de los sioux lakotas, inició la rebelión y atacó los suministros destinados a Fort Kearney. Parte de estos suministros era madera para reparar el fuerte. Nuebe Roja decidió atacar lanzando un señuelo. Señuelo que fue seguido por el capitán Horatio S. Bingham, incumpliendo las órdenes de su superior, el coronel Henry B. Carrington, de no atacar. Y así, se desató la matanza: los sioux cayeron sobre los soldados del 18º de caballería.




David me explicó los detalles de la emboscada de los indios, recreada en el enorme diorama:





Allí encontró la muerte, entre otros, el corneta Adolf Metzger, que intentó luchar hasta el final golpeando con su trompeta. Los sioux, admirando su valor, cubrieron su cadáver con pieles en señal de respeto.
   Aquí, una vista de los firmantes del tratado de Fort Laramie:


Una vista del interior de Fort Kearney:


Los colonos de la ruta Bozeman atacados por los indios:


Escenas en el campamento sioux y alrededores, una vez más, con los famosos gazapos que hay que buscar:




El codiciado travois, que anda a precios desorbitados en internet...


Una cabaña de colonos:


Unos colonos se han unido también a las caravanas de colonos:


Un año más felicitamos y agradecemos desde aquí a David, a Aesclick y al ayuntamiento de Golmayo por su labor en la recreación histórica y la divulgación del viejo oeste.












































domingo, 25 de junio de 2023

Ayuntamiento medieval (II)

  Seguimos probando el steck con nuevos edificios medievales. Aunque no tan grande como el que ya presentamos, aquí tenemos de nuevo un ayuntamiento:


    La idea en este caso surge de combinar la piedra con el entramado de madera, como en muchos ayuntamientos medievales de Baviera.
 Este, concretamente, es el de Rothenburg, la preciosa ciudad medieval de la que ya he hablado en otras ocasiones:



Este ayuntamiento de Playmobil cuenta con una poderosa torre que sirve, al mismo tiempo, de torre vigía:










domingo, 19 de marzo de 2023

Los Nueve de la Fama

 
    Durante la Baja Edad Media se extendió entre la nobleza europea la costumbre de rendir homenaje a los llamados Nueve de la Fama. Se trataba de una agrupación de nueve figuras provenientes de la historia, la Biblia y la mitología, que encarnaban el ideal de la caballería. 
    Aquí podemos verlos representados en el castillo de la Manta, en el noroeste de Italia:


En el ayuntamiento de Colonia:



O en el castillo de Belves (Francia), pueblo que visité recientemente:


    Naturalmente, los Nueve de la Fama eran representados con indumentarias bajomedievales. Pero aquí los he recreado con sus indumentarias históricas (de cada época a la que pertenecen). Los Nueve de la Fama se distribuyen en tres grupos: tres paganos, tres bíblicos (judíos) y tres cristianos. 
    En primer lugar, los tres paganos. De izquierda a derecha: Héctor, el héroe de Troya; Alejandro Magno, y Julio César.


    A continuación, los tres bíblicos. De izquierda a derecha: Josué, caudillo de Israel y sucesor de Moisés; el rey David, segundo rey de Israel, y Judas Macabeo, el caudillo judío que lideró la revuelta contra los seléucidas.


    A continuación, los tres cristianos. De izquierda a derecha: el rey Arturo, Carlomagno, y Godofredo de Bouillon, el conquistador de Jerusalén en la Primera Cruzada. Debería haberlo representado con la cruz de la Orden del Santo Sepulcro, fundada por él, pero no existe de Playmobil (solo en versión custom). O quizá con la corona de espinas, por la frase que pronunció al renunciar a la corona de Jerusalén: "No llevaré una corona de oro donde Cristo llevó una de espinas".


domingo, 20 de febrero de 2022

Entrada del emperador en la ciudad

    La ciudad se llena de estandartes y banderas. Se escucha música de flauta y tambor: el emperador en persona visita la ciudad:



   La idea para esta entrada viene del cuadro Entrada de Rodolfo I en Basilea, de Franz Pforr. Un cuadro que siempre me ha llamado la atención desde pequeño, por los caballeros que aparecen.       Naturalmente, ni los edificios son exactamente igual ni las vestimentas. Aunque Pforr hizo un anacronismo intencionadamente: él pintó el cuadro en el siglo XIX, reconstruyendo una escena del siglo XIII (Rodolfo I fue el primer emperador de la casa de Habsburgo), pero con vestimentas del XVI:




     En mi caso, seguimos en la Baja Edad Media.
   El emperador, escoltado por un largo séquito de nobles y caballeros, saluda a la población, que le aclama. Será recibido por las autoridades del ayuntamiento de la ciudad: el burgomaestre y los cónsules, que, como ya vimos, le deben su autonomía frente al señor feudal (landgrave). He recuperado la pechera y el escudo del águila bicéfala, que no había sacado hasta ahora en ninguna entrada:




    Como en el caso de la fiesta medieval (enlace), me sorprendo al ver que los últimos diez años he estado comprando población civil porque tenía poca y ahora veo que tengo más de la que recordaba:




El balcón se sigue amortizando solo:




El steck sigue puesto al servicio de la recreación histórica:








martes, 29 de junio de 2021

Verano 2010: la huella española en los Países Bajos

   En junio de 2010 todos nos la jugábamos. Tercero de carrera tocaba a su fin y habíamos estado con el agua al cuello con la terrible Historia Contemporánea (la asignatura o más concretamente el implacable profesor). Desde luego, no había sido un curso fácil, pero, finalmente, llegó la victoria: otro verano más que me libraba de ir a septiembre.
    Yo había ganado, pero otro trofeo estaba en juego: el mundial de fútbol de Sudáfrica. Escuchar este nombre hoy es oír hablar de victoria, pero en el principio de aquel campeonato nadie podía imaginarlo. El 0-1 frente a Suiza en el primer partido parecía augurar lo peor.
   Pero días más tarde llegaba la victoria frente a Honduras y luego frente a Chile. Nos asustamos al saber que Portugal sería nuestro rival en octavos, pero ganamos igualmente. Lo mismo pasó con Paraguay, ya en julio. El decisivo cabezazo de Puyol en la semifinal contra Alemania nos llevó a la ansiada final.
   Aquel domingo 11 de julio, al ruido de bubucelas, la selección española se enfrentaba en Johannesburgo a un duro rival: Holanda. España entera aguantaba la respiración. Tras una intensa disputa por el balón, llegábamos a la prórroga. La suerte estaba echada.
    Al fin, llegaba el gol de Iniesta. La emoción estallaba. El triunfo había llegado por fin. España se proclamaba campeona del mundo por primera vez en su historia:




  Desde el palco de autoridades, los entonces príncipes de Asturias celebraban la victoria, como el resto de los españoles. Tras ellos, el entonces príncipe Guillermo Alejandro de Holanda no podía disimular el pesar de la derrota:


  En medio de la euforia no reparé en aquella imagen en ese momento. Pero solo 400 años separaban aquella imagen de ésta:


   La pequeña ciudad del Duero vibraba aquella noche. Entre gritos de triunfo y bocinazos salimos a la plaza de Mariano Granados a celebrarlo. Una noche histórica e inolvidable.
   Una semana después de la victoria había que pensar a dónde iríamos de vacaciones en familia ¿Qué mejor que a Holanda? Además yo tenía una visita pendiente, invitado por una "amiga" holandesa que conocí en 2º de carrera. El plan estaba hecho.

    Y allá en Amsterdam nos presentamos a finales de julio, con la derrota naranja todavía flotando en el aire... Una intensa visita, con museos y otros lugares para ver, entre ellos, la casa de Rembrandt, testimonio de aquella edad de oro de las Provincias Unidas:


    Me separé temporalmente de la familia para quedar con mi "amiga" Rose. Cambia mucho la cosa si visitáis un país con una nativa. 
-Puedo enseñarte cualquier sitio menos el Barrio Rojo-me dijo. De sobra sabréis por qué es famoso ese barrio...
    La vida en Holanda es muy distinta a la de España. Ya solo la geografía hace mucho, claro. Los canales, con sus barcas y sus casas-barco marcan la identidad de estas ciudades.
-Yo misma viví de pequeña en una de esas casas-barco-me indicó Rose.


¡Y qué barcos algunos! Como este de aquellos tiempos de la navegación por los mares de las Indias:




    Siendo el siglo XVII la época dorada de los Países Bajos y también la favorita de Rose, y teniendo en cuenta que parte de mi trabajo sobre La rendición de Breda se lo debía a ella, me enseñó varios edificios de la ciudad en aquella época en la que mis antepasados y los suyos lucharon entre sí sobre suelo holandés:



El famoso escudo de Amsterdam con las tres x, que Chaplin escogió para El gran dictador:



-Me gusta esa guerra porque al final ganamos nosotros-me dijo.
-Pero esta vez no habéis ganado...
  Rose se rió. No guardaba rencor por la derrota, pero sus amigos sí. Me intentaron hacer ver que Iniesta estaba en fuera de juego y que los españoles se inventaron todas las faltas ¡Qué mal perder! 
   De un modo o de otro, allí había quedado la huella española.
    Reencuentro con la familia, alquiler de coche (un magnífico Suzuki Swift) y a reconquistar Bélgica, el otro destino del viaje. En el trayecto pude comprobar lo corto que era el trayecto, lo plana que es Holanda, su condición de estar más baja que el nivel del mar y que los pintores flamencos no inventaron mucho sus paisajes: parecía estar dentro de los cuadros de El Bosco y Patinir.
  La primera toma de contacto con Bélgica fue Amberes, allá donde los tercios gritaron en 1576: "¡O cenamos en Amberes o desayunamos en el infierno!". Sin espadas ni morriones, también nosotros llegamos allí para cenar en su preciosa plaza mayor. Allí se alza la estatua de Silvio Brabón, el valiente soldado romano que mató al gigante Antigoon, el legendario tirano que cortaba las manos a los que se negasen a pagar tributo en el río Escalda. Silvio cortó su mano y la arrojó al río, lo que dio lugar al nombre de Amberes: hand (mano) + wertpen (arrojar). La lástima fue no poder ver el gran retablo del Descendimiento de Rubens de la catedral, porque estaba cerrada.

   En aquella plaza, sentados en la terraza de un restaurante, me fijé en la fachada del ayuntamiento. En el centro, bajo la imagen protectora de la Virgen, estaba el escudo de España, concretamente el de Felipe II: 400 años después de la independencia de los Países Bajos Españoles, ahí estaba.



   En esa primera noche en suelo belga, donde pude cenar en Amberes y no tener que desayunar en el infierno, pude comprobar la afición de los belgas por las patatas fritas y cómo las sirven para acompañar a cualquier comida como la cesta del pan. También descubrí que el holandés y el flamenco son el mismo idioma, tal como nos contó la camarera.
   Antes de Brujas, quedaba por visitar Bokrijk: una curiosa recreación de la vida tradicional flamenca.  Para encontrarlo fue un poco lioso, hasta que vimos una bandera española en una ventana. Llamamos y los dueños nos dijeron que no eran españoles, pero que habían apoyado a la Roja en el mundial. Muy contentos, nos indicaron la carretera a Bokrijk. Sí, allí también estaba la huella española.
  Bokrijk es una estupenda recreación del Flandes del siglo XIX. En arquitectura tradicional no cambió mucho desde el siglo XVI, como demuestran sus preciosas casas que parecen sacadas de cuadros de Brueghel:


     Había también gente vestida de la época para recibir a los turistas. Una de ellas, hija de emigrantes italianos, nos felicitó por el mundial y nos contó que los italianos y los españoles que emigraron a Bélgica siempre se habían llevado muy bien entre ellos. Pero con los griegos menos y con los turcos muy muy mal.
   Bruselas, la capital, nos recibía en medio del barullo de turistas y camareros cansinos. Cerca de la Grand Place no hubo más remedio que sentarse en una mesa para callar a estos últimos. Nos dijeron "Viva la Roja" y pusieron música de Julio Iglesias. Sí, la huella española de nuevo.
   En la catedral había un montón de gente agolpada y unos coches oficiales aparcados a la puerta indicaban que alguien importante estaba en ella. Me adelanté hacia donde la gente se agolpaba y descubrí que era la reina Fabiola en persona:



 La reina española, viuda del rey Balduino, en aquel 2010 reina emérita. Rodeada de guardaespaldas, la reina Fabiola se acercó a hablar con los españoles que allí estábamos y la saludamos con aplausos. Nos contó que tenía ya 82 años y nos deseó una feliz estancia en Bruselas.
  Tras recorrer el centro, ver el famoso Manneken Pis, el palacio real y los parques, quedaba uno de mis objetivos: el Museo del Comic (o Centre Belge de la Bande Dessinée). Bruselas, capital del comic europeo, ofrece a los que somos apasionados de este género una genial muestra de este arte, en el que los belgas son campeones:


   Allí disfruté con paneles, homenajes y originales de Tintín, Spirou, Gastón el Gafe, etc. Y de otros personajes que conocí gracias al museo. Se pueden ver también las mesas de trabajo de Hergé, Franquin y Morris. Un verdadero regalo.


Hergé en el mismo mercado de Bruselas en el que situó El secreto del Unicornio:


    La siguiente visita era Gante, donde nació nuestro emperador Carlos I. El palacio donde nació ya no se conserva, pero se puede ver el magnífico castillo de los condes de Flandes:


   La lluvia nos sorprendió al entrar en la catedral de San Bavón, pero no nos impidió ver el gran políptico del Cordero Místico de Van Eyck ni la interesante colección de arte de la cripta.
  Brujas, sin duda la ciudad más bonita de Bélgica, nos recibía a la luz de la tarde. Cualquier rincón, cualquier calle es impresionante, y, por supuesto, sus canales:


   En su monumental plaza probé el famoso waterzooie, el guiso de pollo belga del que hablaban en Astérix en Bélgica, y una de esas cervezas enormes con forma de probeta. Mientras tanto, un grupo de españoles cantaba flamenco para amenizar la velada. 
     Brujas requería de otro día más de visita, así que le dedicamos el día siguiente.
    De regreso a Holanda, quedaba por ver Delft, la que fuera residencia de Vermeer y donde Guillermo de Orange fue asesinado, y algunos pueblos pintorescos inolvidables. Entre ellos, Brielle, un pequeño pueblo fortificado donde me llevé una buena sorpresa. En la calle principal había un puesto enorme de libros y comics. Allí pude conseguir La llamada de los gnomos en holandés, una joya en la que se basó parte de David el gnomo. Aquellos puestos estaban custodiados por un precioso pastor de Berna:



¡Y por supuesto molinos! Muchos molinos y tulipanes:


   Sentí tener que despedirme de esta tierra en la que los tercios lucharon y donde la huella española permanece imborrable.