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jueves, 24 de septiembre de 2026

El western crepuscular

  El género del western se divide en tres subgéneros: clásico, spaghetti y crepuscular. Este último es el más complejo, pero también muy interesante por las posibilidades que supone. El western crepuscular se define como una revisión del propio western. Es decir, no todos los personajes son héroes, al estilo clásico u homérico, ni al estilo radical e invencible del spaghetti. Hay perdedores, hay derrotas. Se trastoca, en algunos casos, la imagen del blanco civilizado y del indio salvaje, o los buenos y los malos en la guerra de secesión. Se presta atención a personajes poco tratados por los otros dos subgéneros, como las mujeres, los tramperos o los jugadores de cartas.
    Los expertos coinciden en que la primera película de western crepuscular es El hombre que mató a Liberty Valance (John Ford, 1962).


    No solo aparece por primera vez un antihéroe en el western, encarnado en el personaje de Ransom Stoddard, interpretado por James Stewart, sino que revisa el propio western en sí al plantear: ¿Puede alguien ser aclamado y llegar incluso a senador por haber matado a un forajido? ¿Es realmente Stoddard quien mató a Liberty Valance? Da la impresión de que los grandes héroes quedaran atrás y que el western comenzase a morir. Al menos, el que se había conocido hasta entonces.
    Ford nunca aceptó esa etiqueta para su película, aunque está claro que El hombre que mató a Liberty Valance supone un corte respecto a sus anteriores films. 
    El verdadero impacto que haría disparar el western crepuscular fue Soldado Azul (Ralph Nelson, 1970). Por primera vez, los indios aparecían como víctimas de la caballería americana en la matanza de Sand Creek, de la que ya hablamos aquí.


    Soldado Azul estaba influida por las ideas de los movimientos sociales y la cultura popular de finales de los 60 y principios de los 70, incluidos los hippies, la oposición a la guerra de Vietnam, etc. Dichos movimientos comenzaron a ver en los indios un referente de poblaciones y etnias oprimidas por el "imperialismo". Lástima que esa mirada derivase en la locura woke décadas después...
    Un año antes de Soldado Azul, Sam Peckinpah había impresionado ya al público con Grupo salvaje. 


    Aunque la idea de los forajidos que colaboran con los revolucionarios mexicanos al sur de la frontera ya había sido tocado por el spaghetti, como en Yo soy la revolución (Damiano Damiani, 1967), Peckinpah presentó claramente el argumento como la muerte del propio western. La aparición de automóviles y ametralladoras son lo más representativo de esa imagen.
    Peckinpah volvió a tratar esta imagen en La balada de Cable Hogue (1970). El protagonista, un antihéroe de nuevo, encuentra un pozo en el desierto e instala una posta para las diligencias, con la que va prosperando.


    Cable envejece, ve pasar los años, aparecer los automóviles y, con ellos, desaparecer el western.
    También George Hill revisó el western con una obra que sería esencial para el subgénero crepuscular y para el cine en general: Dos hombres y un destino (1969).


    El tratamiento de Butch Cassidy y Sundance Kid, forajidos de leyenda, acompañado de la música de Burt Bacharach (Raindrops Keep Fallin' on My Head) marcaron una época.
    El revisionismo crítico, social, y a veces fatalista, que dominó buena parte de los años 70 hace que no resulte extraño que el western crepuscular proliferase en esa década. Siguiendo la estela de Soldado Azul, Un hombre llamado caballo venía también a revisar el western.


    La historia de un aristócrata inglés (Richard Harris) que es capturado por los indios, incluida la famosa escena de la danza del sol, vino a acercar a los pieles rojas a los fans del western con otros ojos. El interés por las tribus norteamericanas se disparó.
    Un año después, Harris protagonizó El hombre de una tierra salvaje (Richard C. Sarafian, 1971). En ella, un trampero de una compañía de pieles en Missouri dirigida por el capitán Henry (John Huston) que es abandonado por sus compañeros tras ser atacado por un oso.


    El trampero deberá sobrevivir en un mundo hostil. La naturaleza como un personaje más, así como el papel de los indios como "observadores", supusieron una innovación en esta película rodada en el noroeste de la provincia de Soria.
    En 1972, Sydney Pollack presentaba la historia de otro trampero: Las aventuras de Jeremiah Johnson.



    De nuevo, la naturaleza juega el papel primordial, en la línea de la conexión con esta. Recordemos que esta película fue la inspiración para Buddy Longway, otro ejemplo de western crepuscular.


    La puerta abierta por estas tres películas dio lugar a otros films, con mejor o peor acogida, como Eagle's Wing (Anthony Harvey, 1979), El valle de la furia o Tierra Sagrada (Charles B. Pierce, 1983)


    En los 90, el regreso del western trajo también una mezcla de los tres subgéneros. Y todas aquellas películas partieron, como ya indicamos, de Bailando con lobos.


    Con menos presupuesto que el film de Costner, Esta es nuestra tierra, miniserie de 1991, presentaba por primera vez a Custer como un loco sanguinario y a Caballo Loco como el mártir de la causa india.



    Tras la "restauración" del western en los 90, el subgénero crepuscular ha resurgido en varias ocasiones, como en Desapariciones (Ron Howard, 2003),


Hostiles (Scott Cooper, 2017),


o en Noticias del gran mundo (Paul Greengrass, 2020).



        De una manera o de otra, el western crepuscular aportó y aporta elementos muy a tener en cuenta en este género que tanto amamos.

sábado, 14 de diciembre de 2024

La misteriosa ermita de Viguera

   En la Rioja, en la comarca del Camero Nuevo, en el término de Viguera, se encuentra una de las construcciones más insólitas de toda España. Enclavada bajo el abrigo de la roca, en un risco que hay que subir, se encuentra la ermita de San Esteban de Viguera. Este pequeño templo, que por su aspecto recuerda a un horno más que a una ermita, data del siglo X. Posiblemente tenga un origen mozárabe o incluso visigodo.

    La ermita se sitúa en el que fue durante 35 años un reino más de la Península: el reino de Viguera, del año 970 a 1005. Este pequeño estado fue creado por el rey García I de Navarra para su hijo Ramiro (Ramiro I, por lo tanto). Aunque independientes, los tres reyes que tuvo Viguera fueron vasallos de Navarra. Cuando el último de estos reyes, García I, murió sin herederos varones, el pequeño reino pasó a las manos de su primo segundo, el rey Sancho III el Mayor de Navarra.
    El interior destaca por su sencillez, como es típico de las iglesias mózarabes. También recuerda a las asturianas, con lo que podría ser un iconostasio: separación entre el altar y los fieles:


    Las pinturas murales hacen todavía más enigmática esta ermita. Datan del siglo XII. Están situadas en el muro oeste y en el sur. Al entrar, encontramos la escena más grande: la Virgen en majestad (Maiestas Mariae) rodeada por ángeles. También aparecen dos reyes, uno de ellos con un instrumento de cuerda:


    En el muro sur se puede observar alguna pintura que representa a los doce apóstoles. El estado de conservación ha hecho que algunas estén perdidas o deterioradas.


    Pero la parte más curiosa y enigmática es la parte inferior del muro oeste, que (de nuevo el misterio) no ha llamado la atención de los expertos. La identifican simplemente como una escena de costumbres de época medieval: un banquete y un palafrenero llevando unos caballos. 



    Aunque las pinturas están deterioradas, yo reconozco en ellas la leyenda apócrifa de San Esteban. Encontrar esta leyenda, muy popular en el norte de Europa, pero insólita en España, resulta sorprendente. La leyenda cuenta que San Esteban era un sirviente del rey Herodes el Grande. Durante la primera Nochebuena, Esteban llevó a los caballos del rey a beber a una fuente. Los animales vieron un misterioso reflejo en el agua y relincharon. Esteban descubrió que era una estrella. Se enteró de que la estrella anunciaba que Cristo había nacido. Así, decidió ir a servirle y dejar la corte de Herodes. 
    Esteban se presentó ante el rey, que se encontraba en medio de un banquete, y le hizo saber que había decidido dejar de servirle. Herodes le preguntó si faltaba algo que en el palacio para que quisiera abandonarlo, pero Esteban contestó que no, pero que, aun así, el Niño nacido en Belén era todavía mejor. El rey le dijo que si eso era cierto, que el gallo que se estaba comiendo se pusiera a cantar. Milagrosamente, el gallo cantó. Herodes, furioso, mandó matar a Esteban.
    De este modo, la imaginación popular del norte de Europa intentaba explicar en la Edad Media por qué el día de San Esteban se celebraba justo el 26 de diciembre, justo el día después de Navidad. De este modo, componían un llamativo anacronismo, pues San Esteban murió apedreado un año después que Jesús. Esto demuestra la enorme distancia que separa el dogma o "fe oficial" de la "fe sencilla" y "adaptada" de las clases más humildes. También, nos recuerda a otra leyenda: la de la gallina que cantó después de asada de Santo Domingo de la Calzada, también en la Rioja. Si tenemos en cuenta que los protagonistas de la leyenda son unos peregrinos alemanes, este dato nos pone en guardia sobre el posible origen de ambas leyendas y su llegada a España: a través del Camino de Santiago.
    Con el hierático estilo románico, Esteban porta las riendas de los caballos en la ermita riojana, que está, no lo olvidemos, bajo su advocación:


    Junto a él, la escena del banquete, con la típica perspectiva abatida del románico, que nos muestra los alimentos y cubiertos en la mesa. Junto a los comensales, el dios romano Jano, con dos caras. Su presencia indica claramente el tiempo navideño, pues marca el paso de un año a otro (como en el calendario agrícola de San Isidoro de León).




    No olvidemos a los dos reyes en la pintura de la Virgen. Han sido señalados como reyes de Viguera. Pero si nos fijamos en el de la izquierda, no puede tratarse más que del rey Herodes, representado en el románico con un demonio susurrándole en el oído. Es decir, incitándole a ordenar la matanza de los Inocentes.


Es tal como lo encontramos en las arquivoltas de la iglesia de Santo Domingo de Soria:


Y en uno de los capiteles de San Juan de Duero, también en Soria:


  Es muy posible que esa cabeza pegada al rey Herodes en Santa Cecilia de Aguilar de Campoo (Palencia) sea también el demonio:



    No es el único lugar de nuestro país en el que aparece representada esta leyenda de San Esteban. Hay un sepulcro gótico en la catedral vieja de Salamanca con una pintura en la que se puede ver a un paje con unos caballos y una estrella:


    Junto a ellos, en relieve, se representa la adoración de los Reyes Magos, por lo que el motivo navideño queda resaltado. Tampoco los expertos han prestado atención a esta obra.
    La leyenda apócrifa de San Esteban es protagonista de canciones y ritos en el norte de Europa, especialmente en Alemania y Suecia. En el país teutón, es costumbre llevar cada 26 de diciembre a los caballos a la iglesia para que sean bendecidos. El ritual obliga a que los animales den tres vueltas alrededor del templo. Comprobamos así cómo la Iglesia, lejos de rechazar una leyenda anacrónica, la aceptó.




En Suecia han sobrevivido canciones desde época medieval que narran la piadosa leyenda:

San Esteban lleva a sus caballos a beber

¡Míranos en la noche de Navidad!

Luego vio una estrella en el rico país del este

¡Protégenos a todos!

La estrella que brilló sobre la ciudad de Belén

¡Míranos en la noche de Navidad!

Pero sobre todo, sobre el lugar donde estaba el Niño

¡Protégenos a todos!


  









jueves, 11 de enero de 2024

Playmoexclusivos: Guerra de Independencia Griega

  Hoy hablamos de un nuevo Playmoexclusivo muy interesante: una recreación de la Guerra de Independencia Griega (1821-1829). Se trata de una nueva apuesta de Play+Give, la iniciativa solidaria de la asociación griega ΌΡΑΜΑ ΕΛΠΙΔΑΣ (Visión de Esperanza), volcada en la lucha contra el cáncer infantil. El dinero recaudado por esta referencia irá destinado a esta lucha.
  Ya hemos comentado alguna vez en el blog la gran afición que hay en Grecia por el coleccionismo de Playmobil. En este caso han hecho una interesante apuesta por un episodio esencial de su historia: la Guerra de Independencia, contra el imperio turco. 
  Este conflicto estalló por las reivindicaciones independentistas de los helenos después de siglos de dominación turca. Contó con la ayuda de Francia e Inglaterra. El propio Lord Byron, simpatizante de la causa griega, murió luchando en esta guerra.


   La guerra se produjo en medio del fervor nacionalista que recorría toda Europa, fruto del Romanticismo. Artistas románticos como Eugene Delacroix se vieron atraídos por la causa independentista. El pintor francés la homenajeó en La matanza de Quíos:


La guerra logró la independencia de Grecia. Los helenos proclamaron rey al príncipe Otón de Baviera, que reinó con el nombre de Otón I. La monarquía griega duraría hasta 1973, pero eso es otra historia...
   La caja de Playmobil contiene dos figuras. Según leo en La caja de los clicks, se trata del general griego Theodoros Kolokotronis y de la revolucionaria Laskarina Bouboulina. 

   Kolokotronis movilizó a los kleftes (bandidos proscritos, rebeldes contra los turcos) y lideró gran parte de la campaña:




  En cuanto a Laskarina, debió ser una mujer de armas tomar. Admiradora del imperio bizantino, encabezó ataques navales contra los turcos y logró liberar a mujeres griegas del harén del sultán otomano.


   En la caja, Laskarina sostiene la bandera de la Isla Spetses, la primera isla griega que se alzó contra los turcos. La caja viene además con un cañón, un sable, una brújula, un catalejo, un trabuco, una pistola, un puñal, un pañuelo y una cosa blanca que no distingo...
La indumentaria de los personajes puede venir bien para otras temáticas.













lunes, 25 de septiembre de 2023

Exposición Playmobil Golmayo 2023

 Parece que fue ayer cuando mostrábamos aquí la exposición del oeste de Golmayo el año pasado. Este año, coincidiendo con la Golmayo West, nuestro colega David Ormazábal nos trae de vuelta el salvaje oeste con una nueva exposición dedicada a las guerras indias. En este caso, la matanza de Fetterman (1866).


El pueblo de Golmayo se volcó con el festival, incluido su alcalde:





Antes de dirigirme a la exposición, que este año se encuentra en el Centro Comercial Camaretas (muy cerca de Soria, pero en el término de Golmayo), fui a ver los expositores de la Golmayo West. Por razones meteorológicas no pudieron exponerse al aire libre. Aquí podéis ver una muestra de armas, tocados, pieles y enseres de la tribu sioux lakota, ofrecidos por una sociedad de reconstrucción histórica de Almería:


Todo un regalo a la vista para un admirador de las tribus norteamericanas como yo desde muy pequeño:






A un lado, la recreación del duelo final de El bueno, el feo y el malo:


Después fui a ver la recreación de un campamento de colonos, este, sí, al aire libre:


Estuve charlando con la dueña, la escocesa Mary J McDonald:


La tienda estaba recreada con todo detalle:






En el centro comercial me encontré con David, que iba ataviado con un sombrero de vaquero y un revólver. Con su entusiasmo de siempre me explicó las partes del diorama y los sucesos acontecidos en este episodio histórico:


Aunque no tuvo tanta trascendencia como la batalla de Little Big Horn, Fetterman fue una batalla ganada por los indios, en el contexto de la guerra de Nube Roja, viejo amigo de este blog.



 Todo comenzó cuando se encontró oro en Montana. Así, se trazó la ruta Bozeman, recorrida por colonos atraídos por el preciado metal. Pero esta ruta atravesaba el territorio indio y causaba bajas en la codiciada caza: los bisontes. Las tribus pactaron con el gobierno en 1866 en Fort Laramie un acuerdo: los indios no atacarían a los colonos y estos no explotarían sus recursos. Pero el gobierno incumplió el acuerdo...
   Nuebe Roja, jefe de guerra de los sioux lakotas, inició la rebelión y atacó los suministros destinados a Fort Kearney. Parte de estos suministros era madera para reparar el fuerte. Nuebe Roja decidió atacar lanzando un señuelo. Señuelo que fue seguido por el capitán Horatio S. Bingham, incumpliendo las órdenes de su superior, el coronel Henry B. Carrington, de no atacar. Y así, se desató la matanza: los sioux cayeron sobre los soldados del 18º de caballería.




David me explicó los detalles de la emboscada de los indios, recreada en el enorme diorama:





Allí encontró la muerte, entre otros, el corneta Adolf Metzger, que intentó luchar hasta el final golpeando con su trompeta. Los sioux, admirando su valor, cubrieron su cadáver con pieles en señal de respeto.
   Aquí, una vista de los firmantes del tratado de Fort Laramie:


Una vista del interior de Fort Kearney:


Los colonos de la ruta Bozeman atacados por los indios:


Escenas en el campamento sioux y alrededores, una vez más, con los famosos gazapos que hay que buscar:




El codiciado travois, que anda a precios desorbitados en internet...


Una cabaña de colonos:


Unos colonos se han unido también a las caravanas de colonos:


Un año más felicitamos y agradecemos desde aquí a David, a Aesclick y al ayuntamiento de Golmayo por su labor en la recreación histórica y la divulgación del viejo oeste.