lunes, 27 de marzo de 2017

Príncipe Valiente: Thule (I)

Foster tomó el nombre de Thule de las fuentes clásicas. Conocida como Thule o Tile, esta misteriosa tierra fue mencionada por primera vez por el geógrafo griego Piteas de Massalia, famoso por ser el que descubrió que Hispania era una península, en el siglo IV a.C. 
    Piteas hablaba de Thule como “el país más septentrional de la tierra”. Añadía además que Thule se encontraba “seis días al norte de Prettanike (Britania)” y que “el sol en verano nunca se ponía allí”. Piteas confirmaba con una palabra, cuyo origen es desconocido, la existencia de la misteriosa Hiperbórea, una tierra septentrional de nieve y hielo imaginada por los griegos. Geógrafos actuales se preguntan si Piteas llegó a las islas Feroe o Islandia o Noruega. Esta última es la opción más barajada tras la expedición realizada por la Universidad Técnica de Berlín en 2007 a partir del mapa de Ptolomeo. Identificaron Thule con una isla llamada Smola, cerca del golfo de Trondheim, al que nos referiremos más tarde.



            Los geógrafos romanos recogieron las narraciones de Piteas y hablaron en sus obras de “la última Thule”. El historiador bizantino Procopio de Cesarea (siglo VI) escribió que Thule era “una isla grande del norte habitada por veinticinco tribus”. La descripción que hace Procopio de Thule, en cuanto a su relación con los daneses y otros pueblos del norte, encaja a la perfección con Escandinavia, excepto en su naturaleza insular. La cuestión de que fuese una isla responde sin duda a su lejanía y al hecho de que Escandinavia ni siquiera había sido explorada por sus propios pobladores en su extremo oriental hasta el siglo IX. Por ello, lo más lógico era pensar que más allá del mar Báltico, la frontera septentrional del continente europeo, debía haber una tierra de la que provenían los invasores nórdicos, pero sus límites se desconocían. 
            En el siglo IX los vikingos de Noruega descubrieron Islandia. La noticia llegó a Europa y muchos pensaron que se trataba de la Thule descrita por Piteas. La Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificium de Adán de Bremen identifica con total convicción a Thule con Islandia. Sin embargo, el resto de Europa siguió mirando con misterio a la lejana Thule hasta el siglo XVI. Se hablaba de horribles monstruos marinos que vivían en los mares de Islandia, que con el tiempo resultaron ser ballenas y orcas.
            En el siglo XX, el sector nazi liderado por Otto Rhan, cuya obsesión era poseer la lanza sagrada y el Santo Grial, se interesó por la existencia de la legendaria Thule, llegando a creer que se trataba de la patria originaria de los arios (¿la mítica Hiperbórea?). No andaban desencaminados en una cosa: Escandinavia había sido el lugar de origen de casi todas las tribus germánicas, entre ellas los visigodos (de Gotland, Suecia). Otras teorías identificaron a Thule con la mítica Atlántida, como sucedió con otros continentes legendarios e islas míticas como Mu, Aztlán, Avalon o la isla de San Borondón.





            El nombre de Thule fue utilizado para bautizar una base polar noruega en Groenlandia en 1910.

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