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sábado, 23 de mayo de 2026

Las manzanas de las Hespérides

  Heracles creía que tras conseguir a los bueyes de Gerión se acabarían las pruebas. Pero Euristeo le anuncia, a través de Copreo, dos trabajos más.
-¡¿Qué?! ¡Esto no es lo que acordé con Euristeo!
-El rey dice que en dos de tus trabajos recibiste ayuda: mataste a la hidra de Lerna con la ayuda de tu sobrino. Y los que limpiaron los establos de Augías fueron los ríos, no tú. Por eso, el rey te reclama dos trabajos más.-dice Copreo.
-¿Y en qué consisten esos trabajos?
-El primero de ellos será traer las manzanas doradas del jardín de las Hespérides.




-¿Dónde está ese jardín?
-Nadie lo sabe. Ningún mortal lo ha visto. Tendrás que preguntarle a Nereo, el anciano del mar.
    Nereo es un ser viejo como el mundo. Padre de las nereidas y suegro de Poseidón, está siempre en el mar. Así que Heracles decide atraparlo con una red.


Y consigue capturar al anciano del mar. Nereo aparece cubierto de algas.
-¡Suéltame!-grita el anciano del mar.
-No hasta que me digas cómo llegar hasta el jardín de las Hespérides.


-Está más allá del mundo conocido. Más al oeste de las columnas a las que pusiste tu nombre. Es un jardín maravilloso, en el que nunca ha entrado ningún mortal.-dice Nereo.


    -Allí está Atlas, el titán condenado por tu padre a sostener el cielo eternamente. Y el jardín es guardado por sus hijas, las Hespérides: Héspere, Egle y Eritea. El árbol de las manzanas está vigilado por una terrible serpiente llamada Ladón. Mátala, pero no cojas tú las manzanas: pide a Atlas que lo haga él.-continúa el anciano.


Heracles suelta a Nereo y marcha hacia Poniente. Al fin, llega al jardín de las Hespérides.


Tras matar a Ladón, Heracles interroga a Atlas:
-¿Podrías coger las manzanas por mí?




-Lo haría encantado, pero debo sostener la bóveda celeste por toda la eternidad.-responde el titán.
-Tranquilo, yo tomaré tu puesto mientras las recoges.
Y así, aliviado tras siglos de tormento, Atlas deja su pesada labor a Heracles y coge las preciadas manzanas.


Al terminar, Atlas le dice a Heracles:
-Aquí tienes las manzanas. Pero ¿por qué no voy yo mismo a entregárselas por ti a Euristeo? Te ahorrarías ese trabajo.
Pero Heracles ya ha sido avisado por Nereo de esto y responde:
-De acuerdo. Pero antes, ven a sostener un momento el cielo mientras me abrocho una sandalia.


El titán accede y Heracles simula abrocharse una de sus sandalias...


... y aprovecha para huir con las manzanas. Ha completado su undécimo trabajo con astucia. Ahora ¿cuál será su última prueba?




jueves, 14 de mayo de 2026

El toro de Creta

  Heracles, tras espantar a las aves estinfálidas, debe emprender ahora su séptimo trabajo al servicio de Euristeo: capturar al toro de Creta.


     Este toro fue un regalo de Poseidón al rey Minos de Creta para que fuese sacrificado en su honor. Pero el rey no se atrevió a hacerlo y sacrificó a otro toro. Enfurecido, Poseidón convirtió su regalo en un asesino para los cretenses.
    Heracles encuentra al terrible toro y lucha contra él. 


Y la fuerza del semidiós supera a la del animal, que se ve derrotado.


Heracles lleva al toro hasta Micenas. Copreo le comunica que Euristeo desea que lo ponga en libertad.


    Tras liberar al toro, el heraldo comunica a Heracles su siguiente trabajo: capturar a las yeguas de Diomedes.



miércoles, 15 de abril de 2026

Llegada a la Cólquide

   Jasón y los Argonautas han atravesado el Ponto Euxino, tras varias semanas de navegación, y han llegado al fin a la Cólquide.


Desde el Olimpo, los dioses observan el desembarco:



-¿Y bien, Poseidón? Mi protegido Jasón ha logrado atravesar tus dominios sin que nada le haya sucedido. Incluso ha logrado atravesar las Rocas Simplégades.-dice Hera.
-¡Bah! Ha tenido suerte, eso es todo...


-Y tú, Afrodita, tan segura parecías de dominar la situación en la isla de Lemnos, pero no has logrado ganar...-dice Atenea.
-No estés tan segura, Atenea. Todavía hay una última carta que jugar en la Cólquide...-sonríe Afrodita.


-¿Qué quieres decir, Afrodita?-pregunta Zeus.
-Jasón se dirige a Ea, la ciudad del rey Eetes. Allí conocerá a Medea, la hija del rey. Y ambos se enamorarán. Como veis, siempre gano...



En efecto, Jasón se presenta ante el rey Eetes y reclama el vellocino de oro.


    Los ojos del héroe griego miran más allá, a la hermosa joven que está en la sala: Medea, la hija del rey, conocedora de la hechicería. Y Medea cae enamorada al instante de Jasón.


    Eetes le dice a Jasón que para llegar hasta donde se encuentra el vellocino deberá uncir a dos toros con pezuñas de bronce que expulsan fuego.


Jasón se queda desanimado, pues nuevos peligros se le presentan tan cerca de la meta. Medea se acerca a él:
-Yo te diré cómo salvar ese peligro, Jasón. Te acompañaré hasta los toros.




domingo, 25 de enero de 2026

La isla de Lemnos

  Una vez reunida a la tripulación, el Argo zarpa hacia el este.



Jasón confía en los Argonautas y en conseguir el vellocino de oro, que le otorgará el trono de Yolco.


Desde el monte Olimpo, los dioses contemplan el viaje del Argo. 
-Veo que tu protegido Jasón ha iniciado su viaje hacia la Cólquide. Me pregunto qué peligros le esperan...-dice Zeus.


-¡Oh, Zeus, querido esposo! Sé que Jasón cumplirá con su misión. Pude comprobar su gran corazón y su valor.-dice Hera.


-Os recuerdo que los mares son mis dominios ¡Yo decidiré si su viaje marchará bien o mal!-indica Poseidón.


-Hera está en lo cierto, padre: Jasón es un hombre de honor. Sé que luchará hasta el final.-interviene Atenea.


-¡Os equivocáis todos!-Afrodita hace su aparición.
-¿Qué dices, Afrodita?-pregunta Hera.


La diosa del amor sonríe y dice:
-Sí, los mares podrán ser tus dominios, Poseidón. Y es cierto que Jasón es noble y valeroso, Atenea. Pero mucho me temo que el dominio de su corazón y el de los Argonautas es mío...


-¿Por qué dices eso, Afrodita?-pregunta Zeus.
-Porque la nave se dirige a la isla de Lemnos. Está habitada solo por mujeres. Dieron muerte a sus maridos porque estos habían preferido a las mujeres de Tracia. Y todo porque yo las maldije con un olor nauseabundo por no querer darme culto. Veremos que hacen los valientes Argonautas en la isla...
    En efecto, los navegantes divisan la costa de la isla de Lemnos.


    Y a numerosas mujeres que les saludan. La invitación a quedarse es obedecida de inmediato por los Argonautas.


 Jasón y sus hombres se rinden al placer y al desenfreno con las lemnias. Se ve que la maldición de Afrodita terminó ya sobre estas mujeres. 


El propio Jasón cae prendado de la reina Hipsípila.




miércoles, 18 de mayo de 2022

Piteas de Masalia

    1800 años antes de que Colón se lanzara a navegar hacia el otro lado del Atlántico otro navegante se adentró por un mar desconocido. 
    Masalia (Marsella), colonia griega en la costa mediterránea de la Galia, siglo IV a.C. Los fenicios y sus descendientes cartagineses controlan el monopolio del comercio del estaño en el Mediterráneo. Lo extraen de las minas de las Islas Casitérides, desconocidas para los europeos en esa época. Con el control de este comercio, los cartagineses impiden que nadie llegue a esas remotas costas al impedir que ningún barco no fenicio atraviese el estrecho de Gibraltar, conocido por los griegos como las Columnas de Heracles. Pero hay un navegante griego que está dispuesto a desafiar la prohibición: Piteas de Masalia.




    Al igual que Colón, Piteas ha conseguido reunir una tripulación dispuesta a lanzarse a un viaje tan peligroso. Entre ellos, el sabio Hipómenes, matemático y físico, una ayuda imprescindible para realizar nuevos mapas de tierras desconocidas. Él tiene mapas de navegantes griegos que lograron contactar con Tartessos, pasando las Columnas de Hércules:



    Piteas ha conseguido también un buen barco. Su patrón, Deucalión, confía en poder sacar beneficios del estaño, si consiguen llegar a esas islas, como pretende Piteas. Junto al oficial, Aristeo, supervisa los preparativos del viaje:






    Para un viaje tan largo es necesario cargar la bodega del barco con víveres suficientes, además de los que puedan conseguir en las escalas que realicen:




    Ha llegado el momento de la partida. El barco zarpa del puerto de Masalia con rumbo suroeste. Antes de zarpar, la tripulación ruega a Poseidón, dios de los mares, que proteja a la expedición. Van a lanzarse a lo desconocido, como Jasón o Ulises. Desde la proa del barco, Piteas contempla el horizonte. La suerte está echada. El viaje hacia lo desconocido ha comenzado:















jueves, 28 de abril de 2022

Dioses griegos

     Ya vimos en el blog todos los dioses griegos que ha sacado Playmobil. Actualmente solo tengo Atenea, así que hay que componer el resto con las piezas que dispongo. Además, algunos dioses que ha sacado la marca no me convencen mucho (Afrodita y Artemisa, y el Olimpo me parecen un poco horteras). Así que comenzamos a ver a los dioses del Olimpo, empezando por Zeus (Júpiter para los romanos), señor de los dioses:



    El símbolo de Zeus es el águila. Ya sé que este águila americana no encajaría en Grecia, pero es la única que tengo:




    Poseidón (Neptuno para los romanos), dios del mar y hermano de Zeus, con su inseparable tridente. Quizá habría quedado mejor con el cuerpo de pez, como aparece a veces, pero no me es posible. Es curioso que ya antes de sacar el Poseidón de la temática griega Playmobil había sacado ya dos modelos: uno en special y otro en los sobres sorpresa:



    El delfín de Playmobil, creo que no había aparecido hasta ahora en el blog, y sin embargo lo tengo desde hace muchos años. Al verlo compruebo una vez más el empeño que puso Hans Beck entre sus diseñadores para que insistieran en el realismo de los animales: es simplemente perfecto.



    Hades (Plutón para los romanos), hermano de Zeus y de Poseidón, y dios del inframundo. Es uno de los pocos dioses que Playmobil no ha sacado. Yo he intentado darle el aspecto lúgubre de quien es señor del reino de los muertos:






    De acuerdo con la mitología grecorromana, cuando Zeus y sus hermanos derrotaron a su padre Cronos y al resto de los Titanes se repartieron el mundo echándolo a suertes: a Zeus le tocó el cielo; a Poseidón, el dominio de los mares, y a Hades, el inframundo:



Y así, los dioses se establecieron en el monte Olimpo: