jueves, 18 de junio de 2026

El cómic del oeste (I)

   El cómic del oeste ha existido desde hace décadas. Este género del noveno arte bebe constantemente del cine, como pasa con otros géneros. Pero, al mismo tiempo, también ha explorado sus propios senderos. Ya sea con duelos al sol, indios, buscadores de oro, tramperos, caballería y demás temáticas del western.


     Sería imposible abarcar todas las series pertenecientes al western, igual que no sería posible con otros géneros del cómic. Así que hablaré de las más representativas. La gran mayoría de las series de cómic del oeste son, curiosamente, europeas, teniendo en cuenta que se trata de un género que presenta historias exclusivamente situadas en EEUU en el siglo XIX. 
    En 1938 apareció una de las primeras series del género: El llanero solitario.



     En este caso, sí estamos ante una creación americana. La serie era una adaptación al cómic del personaje creado por Frank Striker en 1933. Personaje que sería llevado también al cine, la televisión y la radio. El llanero solitario narra las aventuras de un ranger de Texas, que es el único superviviente a una emboscada llevada a cabo por forajidos. Cuidado por un indio llamado Tonto, el ranger tomará un antifaz para ocultar su identidad y poder dar con los asesinos. Junto a Tonto, se dedicará a luchar contra las injusticias en el viejo oeste.


En 1944 llegó Cisco Kid.




     Creada por el también americano O. Henry en 1907 como novelas cortas, y adaptado más tarde al noveno arte, cuenta la vida de un desperado que vive aventuras en la frontera americano-mexicana. Acompañado por su inseparable amigo Pancho, Cisco Kid se enfrenta a forajidos, salva la vida de muchachas en peligro, al estilo de un caballero andante, solo que en el oeste.


    Como en el caso de El llanero solitario, las historias de Cisco Kid eran cortas y más planas que las que llegarían más tarde. Como la serie que llegó en 1948: Tex.


    Con su inconfundible camisa amarilla, Tex es un ranger de Texas, como El llanero solitario. Creado por el italiano Gian Luigi Bonelli, cuando el spaghetti western todavía no había surgido, nos lleva al suroeste de EEUU con temas y ambientes más realistas. Tex es una de las series más longevas del western europeo.



    Dos años antes que Tex, y también con camisa amarilla, apareció una de las mejores series de western, que es, al mismo tiempo, parodia y homenaje de este género: Lucky Luke.


    Este personaje surgió de la mente del dibujante Morris (pseudónimo de Maurice de Bévère) y los guiones corrieron durante mucho tiempo a cargo de Goscinny. Lucky Luke, el vaquero solitario que dispara más rápido que su propia sombra, es acompañado en sus aventuras por su inteligente caballo Jolly Jumper y, en ocasiones, por el perro tonto Ran-Tan-Plan (parodia, a su vez, del perro Rin-Tin-Tin).




    Lucky Luke detiene a forajidos, interviene en guerras contra los indios, escolta diligencias, ayuda a los pioneros, etc. En sus historias se cruza con personajes históricos del lejano oeste, como Billy el Niño, Calamity Jane, Buffalo Bill o Belle Starr. Pero los más famosos son los hermanos Dalton, que se escapan frecuentemente de la cárcel y Lucky Luke debe marchar a atraparlos.
    La etapa de Goscinny supone, todavía a día de hoy, una de las creaciones de cómic más geniales de la historia de este arte.



 En 1954 llegó otra aportación europea: Jerry Spring.



    La serie corría a cargo del belga Joseph Gillain, más conocido por su pseudónimo: Jijé. Maestro de otros grandes del cómic franco-belga como Giraud y Franquin, el dibujante y guionista nos presenta a un vaquero llamado Jerry Spring que, por su habilidad con el revólver y su espíritu intrépido, se enfrenta a forajidos y asume el cargo de sheriff en ocasiones.


    Jijé puso más empeño que las series anteriores en aportar una mayor naturalidad, realismo y calidad. Aunque en blanco y negro, en su mayoría, los escenarios de Jerry Spring son recreaciones más realistas, con más detalles.


    Lo mismo sucede con Wes Slade, aparecida en 1960. Creada por el británico George Stokes, cuenta las aventuras de un sheriff que se ve inmerso en diferentes ámbitos: duelos, secuestros, fuertes, etc.


      Stokes amplió la temática y el tono de las historias, introduciendo más drama, de forma paralela a la evolución del género en el cine.


      En 1963 llegó la serie fundamental del western en el cómic: Blueberry


 Parafraseando a lo que se ha indicado en varias ocasiones, "el western en el cómic tiene un nombre: Blueberry". Pues, sin duda, es la serie más perfecta del género. Creada por el belga Jean-Michel Charlier al guión y el francés Giraud a los dibujos, Blueberry fue ideada, en principio, como una serie colectiva. Es decir, iba a titularse originalmente Fort Navajo e iba a tratar sobre las aventuras vividas por los integrantes de ese fuerte.


    En la sexta viñeta de la primera página de la serie aparecía por primera vez el héroe que acabaría dando su nombre a aquella: Mike Steve Blueberry. Desde esa primera aparición, el personaje se nos muestra ya con todas sus características: nariz rota (en la precuela Jinete Azul sabremos por qué), aspecto desaliñado, sarcástico, burlón, bebedor, jugador, pendenciero. Su aspecto físico estaba inspirado en el del actor francés Jean-Paul Belmondo.





    Charlier lo contraponía así al otro protagonista de esa primera etapa: Graig, el otro teniente de Fort Navajo, recto, formal, abstemio. Personalidades tan distintas chocarán en el fuerte, en medio de la guerra contra los apaches de Cochise. Pero también se aliarán y se ayudarán. A pesar de su aspecto y su actitud, el teniente Blueberry mostrará su habilidad para salir de situaciones difíciles y su gran nobleza.
    Tras las tres primeras historias, que bebían claramente de Fort Apache (John Ford, 1948), los autores comprobaron que la personalidad de Blueberry destacaba sobre el resto y le dedicaron las siguientes a él como protagonista. Acompañado por sus dos amigos, los inolvidables Jimmy McClure y Red Neck, Blueberry compaginará su servicio en la caballería con el de sheriff, se entrevistará con jefes indios para evitar una guerra durante la construcción del ferrocarril, buscará un tesoro en las montañas del suroeste y otro en México e incluso será buscado por la justicia.


    Las historias de Blueberry, con el dibujo realista e insuperable de Giraud, ya no eran cortas y planas como en las series anteriores. Ocupaban varios álbumes y ampliaban los escenarios, así como la complejidad de los personajes y el tratamiento de los mismos. Si encontramos indios crueles como Águila Solitaria, también encontramos otros nobles como Cochise y su hija Chini, a quienes Blueberry protegerá. Todo ello con guiones muy sólidos y un detallismo y documentación soberbios. 


     En sus primeras historias, Blueberry bebía del cine de John Ford, con las luchas de caballería vs indios, así como de Howard Hawks (Río Bravo, El Dorado, etc.). Desde La mina del alemán perdido y El fantasma de las balas de oro, el estilo va cambiando hacia un mayor realismo, mostrando la inmensidad del desierto americano, la superstición de los indios y el ambiente asfixiante en el poblado indio abandonado. Viñetas que se quedan para siempre.


    Más tarde, la influencia del cine de Sergio Leone marcará la trilogía del oro de la Confederación, que irán a buscar a México: Chihuahua Pearl, El hombre que valía 500000 $ y Balada por un ataúd. Tanto en estos como en los siguientes, el tratamiento de la serie estará cercano al western crepuscular: más desmitificador, derrotista, pero no menos emocionante. La calidad de guiones y dibujos no decaerá hasta la muerte de Charlier tras Arizona Love.

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