miércoles, 28 de febrero de 2018

The Vikings, Peoples of the Past


  El año pasado Playmoblogger nos mostraba un precioso libro sobre vikingos en su blog que nos puso los dientes largos. Tras mucho buscar lo he conseguido en inglés, porque es más barato y porque así no olvido mi nivel del idioma y si además lo amplío, pues mejor:


  The Vikings forma parte, como nos comentaba Playmoblogger, de una colección de divulgación histórica para todos los públicos a cargo de la editorial Macdonald, y que en España tradujo la editorial Molino. Escrito por Michael Gibson y con ilustraciones del genial Richard Hook y otros, The Vikings es una magnífica muestra del mundo de los vikingos.


  Las ilustraciones reconstruyen de forma admirable todo lo relativo a casas, barcos, aldeas, armamento, vestimenta, orfebrería, religión, comercio y viajes de los vikingos. El libro sigue la línea cronológica oficial de la era vikinga: desde el ataque al monasterio de Lindisfarne (793) hasta la batalla de Stamford Bridge (1066).





  Me encantan los dibujos de Hook, mucho más realistas que los de McBride. Es un verdadero placer contemplar sus imágenes y ver cómo ha dibujado cada detalle y con qué perfección. Los demás dibujos nos ayudan también a recrear los escenarios por los que aquellos valientes aventureros del norte vivieron.


  También cuenta con fotografías de objetos vikingos reales, ya sean barcos, armas, joyas o estelas conmemorativas:

 


The Vikings aporta un montón de ideas para dioramas y recreaciones con Playmobil sobre el mundo vikingo. 



 ¿Para cuándo morsas de Playmobil? Vendrían muy bien:



No faltan tampoco los famosos funerales:



Y la batalla de Stamford Bridge:


  En resumen, un libro magnífico que demuestra que si se pone buena calidad y buena intención en los libros de divulgación se obtienen buenos resultados. Mi agradecimiento de nuevo a Playmoblogger por hacernos descubrir este pequeño tesoro.









lunes, 26 de febrero de 2018

Fort Wilmington

    En Nueva Inglaterra, en el actual estado de Delaware, se encuentra el fuerte Wilmington. Gran Bretaña pone todo su empeño en defender sus colonias durante la Guerra de los Siete Años contra Francia. A este fuerte acuden tramperos, comerciantes, leñadores, etc:



  Es imposible no inspirarse en las magníficas imágenes de Neperiano, pero también en las grandes historias de colonos de Norteamérica del siglo XVIII, ya sea El último mohicano, Daniel Boone o la saga de cómic Los pioneros del nuevo mundo:


 En esta saga que mezcla romance y aventuras y que abarca la Guerra de los Siete Años y los comienzos de la Guerra de Independencia Americana, el matrimonio de Jean François y Maryse Charles, junto con el dibujante Ersel, nos muestran la vida de aquellos colonos, soldados, tramperos e indios que vivieron en los días del nacimiento de Canadá y EEUU.


 En el caso de los tramperos, la saga nos muestra su relación con los indios, su vasto conocimiento de los grandes bosques y ríos, su ayuda a los soldados de uno y otro bando; la competencia entre la Compañía de la Bahía de Hudson (británica) y la Compañía de Nueva Francia (francesa). Nos habla de las reuniones de aquellos hombres de las montañas para intercambiar pieles, whisky y otros productos, de las que ya nos hablaron las películas de El valle de la furia y El renacido:





  A Fort Wilmington han acudido varios de estos tramperos, comerciantes y hombres de frontera. Algunos han vivido más tiempo con los indios que con los blancos.



  El mayor Gibbons comercia con estos hombres valientes, muchos de ellos a sueldo de la Compañía de la Bahía de Hudson, animándoles también a engrosar las filas de los casacas rojas del fuerte.


Un fuerte es una ciudad en miniatura. Ha de contar con todo lo necesario. Cada uno cumple con la misión que le ha sido asignada. Hay que vigilar las defensas, las reservas de víveres, armas, pólvora, herramientas, etc.






















miércoles, 21 de febrero de 2018

La guardia gala de Herodes

   Hace muchos años leí en un cómic que el rey Herodes el Grande tenía un contingente de guerreros galos a su servicio. Pensé que se trataba de un invento del autor, ya que aquel cómic tenía mucho de inventiva... También pensé que podría que se tratase de gálatas en vez de galos, por la confusión que generaron a veces los dos términos en el contexto mediterráneo. Aunque, por otra parte, los gálatas eran descendientes de galos que emigraron a Anatolia hacia el siglo VI a.C. Pero hace unos meses descubrí que se trataba efectivamente de galos de la Galia:



 Al parecer, Herodes se había ganado el favor del emperador Augusto y se presentó como un rey vasallo de Roma. En honor del emperador, el rey de Judea fundó la ciudad de Cesarea. A cambio, Augusto concedió privilegios a Herodes y le regaló un contingente formado por 400 guerreros galos de la Galia. El historiador judío Flavio Josefo menciona esta guardia compuesta de galos y los identifica como mercenarios que servían antes a la reina Cleopatra de Egipto antes de la victoria de Augusto sobre ésta. 
   Tras la muerte de Herodes, se ignora qué pasó con esta tropa. Algunos autores defienden que habrían permanecido al servicio de Herodes Antipas y se aventuran a suponer que esos mismos galos habrían arrestado a San Juan Bautista. Si habían pasado aproximadamente treinta años entre la muerte de Herodes y el arresto del Bautista, supongo que aquellos galos ya habrían muerto o serían muy viejos.
   ¿Cómo recrear a aquellos galos con Playmobil? La ilustración que he puesto más arriba resulta bastante orientativa. Sobre todo si nos fijamos en los soldados que le acompañan. A diferencia de lo que el cine ha mostrado, me refiero a las películas sobre Jesús donde los soldados hebreos aparecen con vestimenta parecida a guerreros sarracenos, el ejército de Herodes tenía un aspecto más griego que oriental. Los monarcas anteriores, los Asmoneos, habían llevado a cabo una política helenizante y sus tropas imitaron a sus enemigos, los seléucidas: herederos del imperio macedónico
   Tropas seléucidas:


Y soldados de Judea de los siglos II-I a.C:


  El parecido es notable. 
     Teniendo esto en cuenta y el hecho de que aquellos galos habían servido en el Egipto ptolemaico, otro reino heredero del imperio macedónico, habrían "bebido" también de un contexto helénico. Aquí podemos verles en una ilustración durante su servicio en ese reino:



  Por otra parte, si aquellos galos pasaron a la órbita romana, tuvieron que recibir también la influencia de éstos, igual que la recibieron sus compatriotas tras la conquista de la Galia por Julio César. En el caso de los cascos galos hay que tener en cuenta que los romanos copiaron bastantes modelos de éstos. El típico casco romano que todos tenemos en mente y que hemos visto multitud de veces en ilustraciones, películas y festivales de recreación histórica fue muy influido por los cascos galos:



En esta ilustración de unos guerreros galos se puede observar el enorme parecido, con los característicos protectores maxilares:


 Por esta razón, no queda mal a la hora de recrear aquella tropa de galos incluir cascos romanos, que son galos en origen, al fin y al cabo:
















viernes, 16 de febrero de 2018

La ruta del oro III


  Nathaniel Barrow ha dejado los bosques por el oro y se lanza también a la aventura de California:


   Ha cargado en su mula todo lo necesario. Sus años como trampero le han enseñado mucho.


    No podían faltar los buscadores de oro chinos. Ya me referí a ellos en una entrada exclusiva. Los chinos se lanzaron a la aventura del oro, al otro lado del océano. Sufrieron el maltrato por parte de otros buscadores. Los que pudieron sacar algo volvieron a China o fundaron establecimientos de baños, lavanderías, tiendas... Y los que no, se reengancharon tiempo más tarde a la construcción del ferrocarril.


jueves, 15 de febrero de 2018

La ruta del oro II

   Estos buscadores de oro ya están preparados para partir hacia California:



Bob Sulivan viene del estado de Nueva York con su perro Scout. Espera encontrar oro en el río Americano. Para ello lleva todo lo necesario para extraerlo:


El francés Pierre Lenoire se ha lanzado a la aventura del oro como muchos otros compatriotas desde que leyó en La Presse que "en California no hay ni un metro que no contenga oro".




La ruta del oro

  Acabo de terminar un ensayo titulado La fiebre del oro, de Michel Le Bris, perteneciente a la colección de Aguilar Universal, de la que ya hablé por aquí.


   Como todas las monografías de la colección, está narrada con gran calidad, sumado a las magníficas ilustraciones y fotografías que la acompañan. El libro se centra en las tres grandes manifestaciones de la fiebre del oro en el siglo XIX: la de California de 1848 (la llamada Gold Rush), a la que también dediqué una entrada; la de Australia de 1850 y la de Alaska de 1880. El último capítulo se lo dedica a otras menores como África y Suramérica.



  Todas ellas se extendieron en el tiempo. A estos hallazgos acudieron gente de toda condición. La primera, la de California, fue una auténtica locura. San Francisco era una pequeña aldea cuando llegaron los buscadores de oro e hicieron de ella una gigantesca ciudad sin ley, donde las casas se acumulaban sin ningún tipo de orden ni higiene, calles de barro, barcos encallados en la orilla porque no había ni puerto, huevos a un dólar, delincuencia... Se fundan otras ciudades como Sacramento. Todo por conseguir unas cuentas pepitas.


 Miles de americanos, europeos, chinos y mexicanos se lanzan a por el oro. Muchos llevan un equipo adecuado, con todo lo imprescindible, pero otros se lanzan a la aventura con lo puesto. Los que encuentran un poco de oro se lo gastan en un día. Otros intentan arrebatárselo a otros. Hay peleas por las concesiones de terrenos.


  En California, Australia y Alaska se prueba con todo tipo de ingeniería, más o menos avanzada, para extraer el oro. Algunos ni siquiera se acuerda que llegaron al oeste a por el preciado metal. Prefieren fundar bares, burdeles, tiendas. Otros prueban suerte con las apuestas o con serrerías. Y otros encuentran una tierra prometida donde predicar o fundar una granja.



  La fiebre del oro fue la manifestación de las aspiraciones de miles de personas que soñaron con enriquecerse y construir un futuro basado en el codiciado metal. Una locura que fue también aventura y que aportó su propia página a la emocionante historia del oeste americano.






miércoles, 14 de febrero de 2018

Playmoexclusivos: batidor de oro de Schwabach

Regresamos a los Playmoexclusivos con una simpática figura: un batidor de oro de Schwabach.



La figura fue creada para el departamento de turismo de la ciudad alemana de Schwabach, en Baviera, muy cerca de Nuremberg, para celebrar los 900 años de la fundación de la ciudad. Esta ciudad destacó durante siglos por el trabajo del oro, el cual llevan muy a gala sus habitantes.



Cuaresma

 Hoy, Miércoles de Ceniza, se inaugura el período de Cuaresma (del latín quadragesima, "cuarenta días"). Como es sabido, comprende los cuarenta días anteriores al Jueves Santo, aunque no oficialmente terminaría el Domingo de Ramos, con el cual comienza el siguiente período: la Semana Santa . El calendario litúrgico parte de ese miércoles justo después de carnaval. Algo mucho más ancestral que el simple hecho de ir a la iglesia a que el sacerdote nos imponga la ceniza y nos diga: "Conviértete y cree en el evangelio". Este período está presente no solo en las iglesias católica y ortodoxa, sino también en la mayoría de las protestantes. Podemos incluirlo, por lo tanto, como manifestación, aunque simbólica, de la esperanza mesiánica.



El período de Cuaresma  es, en principio, un tiempo de preparación espiritual. Se predica la realización de buenas acciones, la renovación del cristiano para acoger al Salvador. Un período de arrepentimiento, de propósito de cambio. Es, por lo tanto, similar en varios aspectos al Adviento. Tanto en la Cuaresma como en el Adviento se habla simbólicamente del “camino” que los creyentes han de preparar a Cristo. Esta simbología proviene de la predicación de San Juan Bautista . Ese camino o senda que se ha de preparar ha de estar limpio, sin “piedras” que lo obstaculicen. Es el camino interior de cada uno de los fieles, no muy diferente de las religiones hindú y budista. 


  En el período de Cuaresma se conmemoran los cuarenta días que, según los evangelios, permaneció Cristo meditando en el desierto tras su bautismo. Naturalmente, este episodio no está ligado cronológicamente a su pasión (habría sucedido al menos tres años antes de su arresto y muerte). Pero la tradición lo sitúa en esos cuarenta días para resaltar ese período de meditación antes de emprender su vida pública.



 La Cuaresma se celebra oficialmente desde el siglo IV, cuando la Iglesia la aprobó. La fecha varía de un año a otro, pues depende de la celebración de la Pascua judía: el Pesaj. Y ésta, a su vez, se fija mediante un calendario lunar, de ahí su carácter variable.
  A diferencia de la Navidad, la Cuaresma no tiene un pasado pagano, pero sí agrícola. Es el período que comienza al terminar el, en este caso sí pagano, carnaval. Tras el tiempo de excesos de éste, la Iglesia predicaba y predica un tiempo de penitencia, conversión y preparación para la Semana Santa. Un período de reflexión. Para contraatacar aquellos excesos, la Iglesia abogaba por un ayuno para la población. Las diferencias entre ambos períodos quedaron reflejadas en varias sátiras en la Edad Media, como es el caso del Arcipreste de Hita en el Libro de Buen Amor, o ya en la Edad Moderna, El combate entre Don Carnal y Doña Cuaresma de Peter Brueghel el Viejo:



  La dieta marca este período más que ningún otro en el calendario católico: comer pescado, sopa... el menú típico que podríamos encontrar en aquellos monasterios medievales. Por suerte quedan las torrijas...




PREPARE YE THE WAY OF THE LORD!