En Verona, la ciudad de Romeo y Julieta, entré en una librería tipo Fnac. Buscaba cómics y sabía que en Italia las historietas tienen una palabra para designarlas: fumetti. La encargada, una veronesa rubia muy sonriente, me indicó amablemente donde se encontraban. Y tenían algunos de los que vamos a tratar a continuación.
El cómic italiano es muy particular, muy distinto al de las grandes áreas: franco-belga, americano, manga, etc. Aunque cada autor tiene su propio estilo, sí podemos detectar una forma de dibujar que engloba a todos en el país transalpino. Los dibujantes italianos de cómic tienen, en general, un trazo muy libre, que resalta de manera muy característica el dibujo.
Fijémonos, por ejemplo, en Dino Battaglia, uno de los más destacados de Italia. Sus dibujos están muy ligados a la ilustración y poseen claramente unas aspiraciones artísticas.
Battaglia destacó, sobre todo, en adaptaciones de libros, leyendas o biografías, como la de San Francisco de Asís:
No lejos de ese trazo y su conexión con la ilustración está Sergio Toppi.
Su maestría con la tinta y el trabajo mano a mano con la fotografía son la base de este dibujante milanés. Así, logra un dibujo preciosista y muy personal. La obra de Toppi llegó a España de la mano de revistas como Totem o Bumerang.
También fue uno de los colaboradores de la gran colección de cómic histórico Grandes héroes: el descubrimiento del mundo, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones aquí.
Lo mismo sucede con Alarico Gattia, quien nos dejó, entre otros, el cómic dedicado a Valdivia.
La ilustración, como en el caso de Toppi, fue el escenario donde Gattia se sintió más cómodo:
De línea distinta, pero también con repercusión más allá de los Alpes, tenemos a Tex, de Bonelli, serie western de la que ya hablamos aquí.
La saga narra las aventuras de un trampero, lejos de toda épica. Parker es un antihéroe, no es el pistolero sin piedad.
Tanto por su planteamiento como por su trazo, Milazzo está muy cerca del que es, sin duda, el emblema de los fumetti: Hugo Pratt.
Este dibujante, descendiente de judíos sefardíes, natural de Rímini, pero veneciano de familia y de corazón, trabajó también en Francia y Argentina. Si se decía que Burne Hogarth, dibujante de Tarzán, era el Miguel Ángel del cómic, Pratt fue, sin duda, el Toulouse-Lautrec.
Su trazo libre, rápido, enérgico, solo tiene, efectivamente comparación con el pintor postimpresionista:
El personaje más famoso creado por Pratt es, sin ninguna duda, Corto Maltés. Desde su primera aventura, La balada del mar salado, este marinero sarcástico y anárquico se ha convertido en uno de los pilares del cómic europeo.
Corto recorrerá el Pacífico como soldado de fortuna, se verá afectado por la Primera Guerra Mundial, viajará a todos los continentes y asistirá a los inicios del fascismo italiano. Por las páginas del marinero desfilarán personajes históricos como el Barón Rojo, Jack London o Butch Cassidy. Recorrerá escenarios históricos como el Caribe o Etiopía.
Las aventuras de los primeros álbumes disminuyen en favor del interés intelectual y poético de Corto (y de Pratt, claro). De este modo, en las últimas aventuras de Corto se abusa, en mi opinión, de momentos oníricos, conversaciones que no llevan a ningún lado, reflexiones sobre tal o cuál autor, etc.
Similar a Corto, aunque más elegante y sin dichas inquietudes, tenemos a Petra Cherie.
Creada por Attilio Micheluzzi en 1977, su protagonista, Petra de Karlowitz, es una aristócrata de origen posiblemente polaco, aunque con nacionalidad holandesa. Vive en la misma época que Corto. A diferencia de este, Petra no cuestiona su presente, pero sí actúa de forma voluntaria y no a la fuerza.
La Primera Guerra Mundial lleva a Petra a fulminar con su avión a los alemanes, a luchar contra el espionaje de la Triple Alianza y a viajar por Europa y Oriente Próximo. En ocasiones, entabla alguna que otra conversación con el propio autor. Recurso que, sin embargo, no hace disminuir el interés por la trama.
Los rasgos de Petra están inspirados en la actriz americana Louise Brooks
que Pratt admiraba también y a la que homenajeó en Corto Maltés con el nombre de Louise Brookszowyc.
La actriz americana sirvió también de inspiración para otro personaje muy famoso del cómic italiano: Valentina, de Guido Crepax.
Es, sin duda, la serie más adulta del fumetti. Valentina Rosselli es una fotógrafa que desvela sus problemas, secretos, pesadillas. En Valentina, la frontera entre el mundo real y el onírico es muy estrecha, al igual que la que se plantea entre la dimensión del thriller y la erótica.
Y así, llegamos a otro emblema del cómic italiano y del erotismo en el noveno arte: Milo Manara.
El trazo estilizado de este dibujante nacido en la zona de Bolzano no solo ha destacado en planteamientos puramente eróticos o surrealistas. Su interés por mostrar mujeres mostrando sus encantos le ha llevado a dibujarlas también en las aventuras de temática histórica, como la de Núñez de Balboa:
Pasamos ahora al cómic italiano humorístico, que mantiene también ese trazo rápido, espontáneo. En 1974 el dibujante Guido Silvestri, alias Silver, creó la serie Lupo Alberto. Cuenta las desventuras de un lobo que está enamorado de una gallina llamada Martha. Sus incursiones a la granja de estas suelen ser "frenadas" por las malas por el corpulento perro guardián, Moisés.
Las historias de Lupo Alberto, tiradas de una sola página, se publicaron en España de la mano de El Pequeño País, el cual trajo muchas otras series europeas.
Uno de los pocos nombres femeninos de Italia en este sector del cómic corresponde a la milanesa Grazia Nidasio. En 1969 creó Valentina Mela Verde, una incursión en el mundo adolescente de la época.
Al ver el interés que despertaba Stefi, la hermana pequeña de Valentina, Nidasio creó un spin-off protagonizado por ella.
Comparada con Mafalda, por su constante cuestionamiento del mundo de los adultos, y con Quentin Blake, por su trazo, Stefi superó pronto en éxito a la serie original. Fue publicada en España por El Pequeño País con el nombre de Nina. En palabras de sus admiradores, "dibujar y guionizar la vida de un superhéroe es fácil, pero dibujar y guionizar la vida de una familia corriente en un piso es más difícil de lo que parece". Esa cotidianeidad es lo que hace que la visión de esa familia, compuesta, además de Stefi y Valentina por sus padres, su hermano Cesare, su abuela y su perro Pipo, sea tan fresca y genial.









.jpg)










.jpg)
.jpg)






No hay comentarios:
Publicar un comentario