viernes, 22 de marzo de 2024

Ante la multitud

  Tras ser flagelado y coronado de espinas, el nazareno es llevado de nuevo ante Pilato. Este se vuelve hacia la multitud congregada  frente a la fortaleza. El prefecto recuerda la costumbre de liberar a un reo durante el Pesaj.



 -Trajisteis a este hombre a mi presencia para que lo juzgase, pero no he hallado culpa en él. Yo os pregunto ¿queréis que este hombre al que llaman "rey de los judíos" sea liberado?-pregunta Pilato a la multitud.


Pero la mayoría de la muchedumbre grita airada:
-¡Suelta a Barrabás!


-¿Barrabás? ¿El que está en mis prisiones por haber participado en un motín? ¿A ese queréis que libere?



-¡Sí, suelta a Barrabás!
El prefecto mira a la multitud. Ya tuvo que sofocar revueltas en los últimos años desde Cesarea. Y ahora, en el Pesaj, cuando Jerusalén está más enfervorecida, teme que se desate una rebelión si no libera a Barrabás. Y sabe que el emperador Tiberio no se lo perdonará. Pilato mira seriamente al nazareno. Este no dice nada.


 Pilato accede y se da orden de que se libere a Barrabás. La multitud grita. El prefecto se vuelve a esta y dice:
-¿Qué queréis que haga con este al que llaman "rey de los judíos"?
-¡Crucifícale!-responden los más exaltados. Estas voces tapan a aquellos que piden su liberación.
-Pero ¿qué mal ha hecho?
-¡Crucifícale!-gritan más fuerte las voces.


Pilato manda traer agua para lavarse las manos:
-Soy inocente de la sangre de este hombre. ¡Sea lo que pedís! Lleváoslo para que sea crucificado:


Antes de retirarse, Pilato mira por última vez al nazareno. Tampoco ahora, cuando se acaba de decretar su sentencia de muerte, habla.


Los soldados se llevan al nazareno y le atan a los brazos el patibulum.














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