Como dije, igual que las bicicletas, el western es para el verano.
Recuerdo ya en el verano de 2010 leer un artículo que hablaba sobre esto. Y es que yo no me imagino otra estación del año para las historias de vaqueros, indios, caballería, forajidos, duelos, etc. Así que uno de mis recuerdos más antiguos del verano es yo mismo jugando con los vaqueros de la 3304, que fueron, además, mis primeros Playmobil.
También en un verano remoto me leyeron por primera vez El fantasma de las balas de oro. Que se convirtió para mí, no solo en mi álbum favorito de Blueberry, sino en uno de los mejores cómics del mundo y un referente inconsciente del verano.
¿Cuándo si no pensar en ese sol abrasador en el desierto americano, donde acechan las serpientes de cascabel y los escorpiones?
En desiertos y verano, pasando por El fantasma de las balas de oro, debía pensar también mi yo de entonces al escuchar A Horse with No Name, la mítica canción de America. Y los paisajes que evocaba no eran solo los de Blueberry, sino los de mi propio pueblo.
No olvidemos que era la época en la que Kevin Costner resucitó el western con Bailando con lobos, cuya música se siguió oyendo durante años en el anuncio de Repsol. Tal fue el resurgimiento del tema de los indios que Mayoral, la marca de ropa infantil, sacó una campaña publicitaria en la que unos niños visitaban una reserva india. Los nativos aparecían galopando al lado del autobús. A mí me emocionaba mucho este anuncio.
Más que nada porque aquel resurgimiento pegó fuerte en mí. Tenía todas las referencias de indios de Playmobil (salvo el campamento 3733, que no lo conseguí hasta mucho más tarde)
Yo iba siempre con los indios en aquellos primeros 90. Recordemos que aquel resurgimiento coincidió con el 5º centenario del descubrimiento de América, con lo que el interés por las tribus americanas, y norteamericanas en particular, era muy grande (recordemos Las mil y una Américas y Érase una vez las Américas). Años después, pasé a admirar a la caballería, por lo que los indios se convirtieron en el enemigo.
Pero, con el paso del tiempo, volví a apoyar a las tribus norteamericanas (por cuanto han sufrido a manos de los anglosajones, los mismos que nos acusan a nosotros de Leyenda Negra, y por nostalgia). El caso es que en lo de Mayoral entrabas en un sorteo para viajar a EEUU y visitar una auténtica reserva india. Hoy día sería impensable por varias razones... Nunca supe si al final se llegó a hacer...
El western en verano me lleva a galopar junto a la caballería y cantar She wore a yellow ribbon o I left my love; a entrar en un tipi y fumar la pipa de la paz,
a sacar un revólver en la calle principal de un pueblo del oeste (¿había más de una calle?), a tomarme un whisky en el saloon; a levantar mi sombrero al paso de una caravana,
a explorar un bosque con un gorro de piel de mapache,
a buscar oro mientras suena Paint your wagon y a alejarme del porche mientras suena I was born under a wandering star o The story of a soldier.
Así que, cada verano, vuelve el western, ya sea en películas,

















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