Heracles ha completado con éxito el penúltimo trabajo: traer las manzanas de las Hespérides. Y para ello ha tenido que viajar a una tierra remota, lejos del mundo conocido. Cree que la última prueba no podrá ser más complicada. Pero se equivoca. Euristeo le ordena traer al can Cerbero: el terrible perro guardián del inframundo, con tres cabezas ¡Descender al inframundo!
Heracles se forma primero en los misterios de Eleusis para estar preparado. Y desciende a la morada de los muertos por la entrada que hay en Ténaro. Una vez en el inframundo, Heracles monta en la barca de Caronte para atravesar la laguna Estigia. El barquero se siente incómodo, pues nunca había transportado a un vivo, pero sabe de la fuerza de Heracles y tiene miedo.
Heracles encuentra a muchos difuntos y llega hasta donde Hades y su esposa Perséfone presiden el inframundo.
Heracles les explica su misión: deber llevar consigo al can Cerbero para poder finalizar sus doce pruebas.
-¡Oh, Hades, esposo mío! Dejemos que Heracles tome prestado a nuestro Cerbero para que pueda al fin librarse de la servidumbre de Euristeo.-suplica Perséfone a su marido.
-Está bien. Puedes llevarte a Cerbero, pero solo si eres capaz de dominarlo sin usar tus armas.-exige Hades a su sobrino.
Y Heracles encuentra al terrible perro de tres cabezas.
El héroe lucha contra él con sus propias manos hasta que logra dominarlo.
Heracles toma consigo a Cerbero y se presenta en la corte de Euristeo. Este se espanta ante la visión del terrible perro y por el hecho en sí: Heracles ha sido capaz de bajar al mismo inframundo y domar al monstruo de tres cabezas.
-Heracles, tu fuerza y tu ingenio están más que probados. Has concluido tus doce trabajos y te libero de tu servidumbre.-dice Euristeo.
Heracles es libre al fin y ha expiado su terrible delito. El hijo de Zeus ha triunfado.








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