domingo, 12 de marzo de 2023

La hora de ajustar cuentas

  Cuando Hergé terminó Stock de Coque daba la impresión de que los malos habían ganado. Habían vuelto desde aventuras anteriores: Rastapopoulos, Allan, Dawson y Müller. Por aquel tiempo, Hergé tenía una crisis nerviosa. El dibujante belga le había contado a un psicólogo que tenía numerosos sueños en los que aparecía un espacio blanco infinito. El psicólogo le aconsejó que se "deshiciera de sus demonios" y que "buscase la pureza". Para ello, Hergé recurrió a un lugar lejano, en la nieve: el Tíbet. Un inmenso reino blanco. Allí envió a sus personajes con una misión: encontrar a Tchang, el amigo chino de Tintín, desaparecido en un avión en el Himalaya. Había nacido Tintín en el Tíbet:



La idea de la amistad, tanto en la búsqueda del amigo perdido, como en el capitán Haddock dispuesto a sacrificarse para que Tintín se salve o en el propio Yeti cuidando de Tchang, está presente en todo el álbum. Y todo ello en el Tíbet, el reino místico de los lamas. Ahí estaba la búsqueda de la pureza. El objetivo estaba cumplido.


Pero ¿y lo de deshacerse de sus demonios? Con la pureza recobrada, Hergé debía enfrentarse a ellos: había llegado la hora de ajustar cuentas. Y qué mejor que haciendo que su héroe se enfrentase definitivamente a sus enemigos.
    Hergé hace viajar a sus personajes a Yakarta, como escala en un vuelo a Sidney, donde están invitados a un congreso sobre astronáutica (al ser los primeros en pisar la luna). El millonario Laszlo Carreidas se ofrece a llevarles en su avión privado. Tintín y sus amigos aceptan. Pero el avión es secuestrado por miembros de la tripulación y llevado a una isla en el océano Índico. Allí, descubren que ha sido un complot urdido por el principal enemigo de Tintín: Rastapopoulos.



  Este, en compañía de Allan, a quien Tintín conoció en El cangrejo de las pinzas de oro, pretende quedarse con la fortuna de Carreidas y de paso deshacerse definitivamente de Tintín. Pero nuevamente el periodista frustra sus planes. Y así, los villanos pasan de secuestradores a secuestrados.


  En este álbum, titulado Vuelo 714 para Sidney, Hergé disfrutó maltratando a sus villanos. Rastapopoulos aparece con un traje de vaquero ridículo. Le pinchan el suero de la verdad, le explota la dinamita... Al presumido y despiadado Allan le dejan sin dientes. Y, por último, los villanos son abducidos en una nave extraterrestre.
    En esta aventura, que debe mucho a La isla misteriosa de Verne, Tintín había derrotado a sus grandes enemigos. Pero todavía quedaban algunos. Tras el paréntesis de Las joyas de la Castafiore llegó Tintín y los Pícaros.


 De regreso a otro país ya conocido por Tintín, San Theodoros, los protagonistas se enfrentan a dos viejos enemigos: el general Tapioca, dictador de este país sudamericano ficticio, y el coronel Sponsz, antiguo pez gordo de la dictadura de Borduria y asesor de Tapioca.




Tras huir de los agentes del dictador, Tintín y sus amigos se unen a los Pícaros: revolucionarios que pretenden derrocar a Tapioca y devolver el poder al general Alcázar


Finalmente, los protagonistas logran derrocar a Tapioca y detener a Sponsz. Y de esta forma, Hergé logró deshacerse de sus demonios: acabando con los villanos que él creó. 















2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Disfruté mucho redactándola ¿Has escuchado los podcasts de RNE sobre Tintín? Los pusieron en febrero creo. Son muy interesantes

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