viernes, 15 de diciembre de 2017

Scriptorium de la abadía

    Los monjes de Fontenay trabajan en el scriptorium. Allí se copia, se redacta, se investiga, se consultan preciados libros. Copistas, ilustradores, teólogos, todos colaboran en la realización de valiosos códices. Mediante el latín, la lengua vehicular que une aquella aislada Europa medieval, los monjes tienen acceso a las obras y al saber de lugares tan remotos como Irlanda o Hungría.
    La idea del scriptorium parte, una vez más, de la película El nombre de la rosa. Allí, Guillermo y Adso intentan investigar las misteriosas muertes de dos monjes:



   Como en la película, comienza a notarse el frío. Los monjes se calientan las manos. El brasero es bienvenido. Pero a pesar de la llegada del invierno no se detienen en su labor. 


Me gusta la sensación de profundidad que proporcionan estas columnas hechas con contrafuertes:



    El hermano Godefroy trabaja los elementos necesarios para obtener los pigmentos que los monjes usan para dar color a las miniaturas de los códices:



  En un mueble descansan los libros que los monjes consultan y emplean para su trabajo. El resto se encuentra en la biblioteca de la abadía.



Este monje, Arnaud de Poitiers, está copiando un ejemplar de los comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana, obra muy apreciada en aquel tiempo:











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